Fernando Llopis - El último liberal

Y al tercer mes resucitó

«IU une su marca y destino a la de Podemos, asumiendo el riesgo de que es posible que ambos unidos no lleguen al 5% necesario para entrar en les Corts Valencianes»

Fernando Llopis
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El dictador Francisco Franco está más de moda que nunca. No son sus escasos seguidores los que hablan continuamente sobre él, sino toda la parafernalia organizada por el presidente Sánchez para exhumar y trasladar sus restos desde el Valle de los Caídos, es la que lo ha puesto de actualidad. Dado el tono de vodevil y sátira que está tomando el asunto, la falta de licencia de obra es el último capítulo, he recordado la novela que Fernando Vizcaíno Casas escribió sobre la hipótesis de qué ocurriría si Franco resucitase al tercer año de su muerte.

En el fondo aquello era un retrato muy crítico de los primeros años de esa difícil pero exitosa transición que tuvimos en España. Al poco, quedaba claro para Franco que aquel no era el país que había dejado unos años antes.

Otro que vuelve a la primera línea tras tres meses, no años, es el líder de Podemos, Pablo Iglesias, tras su baja por maternidad. Ignoro si le será difícil abandonar a sus hijas y las comodidades de su chalé en Galapagar, pero probablemente sus cada vez más escasos fieles le han reclamado su vuelta dado el cariz que están tomando las previsiones electorales para su partido. Es probable que para Pablo Iglesias ya no sea todo igual que antes. Las confluencias que crecieron a la sombra del proyecto de Iglesias están empezando a abandonarle. Errejón y Carmena han organizado unas listas alternativas en Madrid y solo el adelanto electoral ha impedido que su proyecto se propagase hacia muchas más comunidades. Estos tres meses han sido muy duros para Podemos, aunque quizá el verdadero declive no se inició con esa permiso de Iglesias, sino más bien con la extraña medida de empezar a vivir como todo lo que había criticado. Muchos de los que votaban Podemos han podido soportar la ineficacia, y en algunos casos incompetencia, de algunos de los podemitas que han ocupado el poder estos últimos años, pero se les ha hecho muy difícil soportar como su líder traicionaba los principios por los que le seguían.

Antonio Montiel y Antonio Castany de Podemos, en las Cortes Valencianas
Antonio Montiel y Antonio Castany de Podemos, en las Cortes Valencianas - ROBER SOLSONA

En nuestra Comunidad, Podemos va camino de convertirse en una marca residual si hacemos caso a las declaraciones de Antonio Montiel, candidato a las Corts hace tan solo cuatro años, en las que se declara poco optimista en cuanto al futuro del partido. Es curioso que en aquellos momentos, los partidos de izquierdas flirteaban para compartir candidaturas con Podemos y ahora huyen de él como de un apestado. Solo Izquierda Unida, conocedora de su propia debilidad, ha transigido en unir su marca y destino a la de Podemos, asumiendo el riesgo de que es posible que ambos unidos no lleguen al cinco por ciento necesario para entrar en les Corts.

Las primeras fotos de Podemos parecen las de Lenin. En ambas fueron desapareciendo los personajes que acompañaban al líder a medida que este perdía confianza en ellos. Pero ha pasado el tiempo y las oportunidades de consolidar el proyecto, y ahora Iglesias sale otra vez al ruedo, perdón que es un término que no les gusta, sale a escena para salvar los muebles. Parece que no lo va a conseguir y es posible que haga como Franco en la novela de Vizcaíno Casas, volver de donde vino, ya que aquel ya no era su mundo. En el fondo, Franco, por mucho que se empeñen en resucitarlo, en el 78 ya era historia. Pablo Iglesias en el 2019 también puede que lo sea.

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