Guillem Bertomeu - LLETRAFERIT

Y mientras los valencianos

«El peso de Compromís en el Congreso se diluye como un azucarillo»

Guillem Bertomeu
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La semana pasado semana se aprobó lo que se llama el «cupo vasco», que al final es pasta monda y lironda que se destina al País Vasco. Contó con todo el respaldo del arco parlamentario nacional, salvo Ciudadanos y Compromís y la abstención de Bildu. Hablamos de más de 1.600 millones de euros que los vascos dicen que han pagado de más al Estado y los valencianos otra vez pasando la mano por la pared….

Al final ha prevalecido la política y se ha aprobado el cupo, previo pacto por parte de los nacionalistas a apoyar los Presupuestos Generales del Estado. EL PNV es un partido centenario que sabe hacer política con mayúsculas y cabe recordar también las semanas previas al 1 de octubre en Cataluña con el papel protagonista y de negociador del lehendakari Urkullu instando a negociar al Govern de Puigdemont con el Estado, primando como siempre el «money».

El peso de Compromís en el Congreso se diluye como un azucarillo, al anteponer el «show» a la política práctica. Rotundamente se negaron a negociar los presupuestos con el gobierno de Rajoy, bajo la premisa de que con los populares nunca se iban a sentar a negociar nada y ahora han intentado mostrar su disconformidad e incluso ya marcando distancias con sus anteriormente socios nacionalistas en campañas europeas, como era el PNV. «La patata caliente valenciana», que en su día anunció Joan Baldoví en la tribuna, me parece que está más que fría.

Esa forma de actuar de Compromís de mirar más cara a la galería que pensar en el interés general ya le está costando problemas. El no negociar con el Gobierno de cara a los Presupuestos Generales ya le costó la baja de militantes representativos que han puesto en marcha una nueva formación política valencianista, de corte centrista liberal, como es Demòcrates Valencians.

También tienen problemas internos con la vertiente de Gent de Compromís, militantes que se han afiliado al proyecto de Compromís pero no pertenecen a ninguna de sus patas internas, como son el Bloc, Iniciativa o Verds-Equo. La gente de GdC, cifrados en cerca de 550 militantes, a través de su coordinador general, Victor Arroyo, están incluso amenazando con no pagar las cuotas del partido para que de una vez se reconozca su peso dentro de la coalición. Arroyo y los suyos se sienten molestos porque las reuniones mantenidas para buscar su encaje en el proyecto no están teniendo ningún avance significativo.

De momento el tema de la financiación se va a retrasar cerca de seis meses, que es el plazo que tarda la tramitación de poder convocarse el Consejo General de Política fiscal y Financiera y la Conferencia de Presidentes. Así que hasta la primavera verano de 2018 pocas novedades ¿Y con qué cara nos quedamos? Antes seguiremos aburriéndonos con el tema catalán, sus octavas elecciones en cinco años y su posterior formación de Gobierno. Después cuando cojan ya su marcha bien seguro que querrán pasar por la «caja» de papá Estado y mientras los valencianos…

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