«¿Y cuando se acabe el Plan E...?»

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POR M. A. RUIZ COLL

FOTOS JUAN CARLOS SOLER

ALICANTE. Llevaban más de un año en el paro y el Plan E les ha dado un respiro. Un alivio temporal, porque la obra termina el próximo mes de diciembre y los tres todavía se preguntan: «¿Y después, qué?»

Hace dos años, Jonathan trabajaba en varios municipios de Alicante y Murcia como estucador, realizando el acabado de fachadas. Eran los tiempos en los que un joven de veintipocos años podía comprarse un coche o una moto de gran cilindrada trabajando de albañil. Y todavía le quedaba dinero para salir de fiesta con los amigos y vivir sin demasiados apuros.

«Me quedé en el paro hace un año porque la empresa no pagaba», explica, «llevábamos dos meses sin cobrar y al final le pedimos al jefe que nos diera la baja para poder cobrar el paro». Durante su vida laboral, la empresa había cambiado tres veces de razón social, para dar esquinazo a los acreedores.

Cuando perdió a sus padres, a los siete años, Jonathan pasó a vivir con su abuela. Comenzó a trabajar a los 17 y entonces pudo alquilar su propio piso para independizarse. Pero el «crack» de la construcción echó por tierra todos sus planes de futuro.

«No me salían las cuentas»

«Durante los dos últimos meses», indica, «cobraba 700 euros del paro. Pero pagaba 600 de alquiler y otros 300 de las letras del coche, así que las cuentas no me salían. Tenía que ir a comer todos los días a casa de mi abuela».

Gracias al Plan Municipal de Empleo, en julio comenzó a trabajar en las obras de remodelación de la Plaza del Ayuntamiento de Alicante, lo que le ha permitido ahora pagar de golpe las dos mensualidades que debía del coche. Pero las obras terminan dentro de seis meses. ¿Y después? «Tendré que coger lo que salga», afirma.

También ha conseguido un contrato temporal en esta obra Juan, que se quedó en el paro hace dos años. Trabajaba de albañil en una empresa que ha construido más de 300 bungalows en la costa de Santa Pola. «Al terminar, me propusieron ir a trabajar a Almería, pero les dije que no me interesaba, porque tengo aquí a mi familia y además no pagaban dietas».

Aunque tiene novia, Juan sigue viviendo con sus padres porque «tal como están las cosas, no es el mejor momento para casarse». Ahora, los ingresos de su familia se reducen a su sueldo, los 400 euros de pensión de su padre y lo que gana su hermana como dependienta en una panadería del Mercado Central.

David también empezó a trabajar en la remodelación de la Plaza del Ayuntamiento el pasado mes de julio, junto a Jonathan y Juan. También él ha conocido tiempos mejores. En su antiguo empleo, era gruísta y encofrador, como oficial de primera, en una empresa cuyo último proyecto fue un complejo de viviendas de lujo en Muchamiel.

Llevaba nueve años en nómina, pero la empresa echó el cierre en 2008. «Las viviendas ya no se vendían, y nos quedamos siete personas en la calle». Desde entonces, se ha pasado un año y medio en el paro.

Tras agotar la prestación por desempleo, ha conseguido este trabajo temporal en las obras del Plan E. Pero para ello se ha visto obligado a aceptar una categoría laboral, la de peón, inferior a la que venía desempeñando en su antigua empresa.