Wau y los Arrrghs!!!
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Música

Wau y los Arrrghs!!!: «Siempre nos hemos sentido parte de nuestros fans»

Tras catorce años de trayectoria, la «mejor banda de garage del siglo XXI» dirá adiós con un concierto de despedida en el festival Surforama

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En el año 2003, un grupo de militantes de la escena valenciana de rock'n'roll invocó al espíritu de Link Wray para engendrar una nueva criatura, una banda que reinaría para siempre en los submundos del garaje-punk gracias a una conjunción de elementos que hizo de sus conciertos una experiencia más allá de lo físico, convirtiéndolos en rituales exorcizantes que no tardaron en generar un culto a su alrededor. Su música pétrea, afilada y salvaje desprendía crudeza, inocencia, sentido del humor y mucho amor por los clásicos (parte de su éxito se debe a su personalísima forma de hacer versiones), pero también olía a sudor, a sangre, a peligro, y en eso tuvo mucho que ver su front-man Juanito Wau, un cantante que llevaba el concepto de juerga a niveles desconocidos por el hombre, y que ponía patas arriba cada sala que visitaban desplegando la tenacidad de un soldado prusiano y la fantasía de un antihéroe de cómic.

Tras casi tres lustros devastando escenarios dentro y fuera de España, «Cantan en español» (2005), «¡¡¡Viven!!!» (2008) y «Todo roto» (2013) quedarán como el legado discográfico de Wau y los Arrrghs!!!, considerada por los que de esto saben como «la mejor banda de garage del siglo XXI». Y es que ha llegado la hora del adiós para Juanito y los suyos. El próximo 18 de mayo darán su último concierto en la fiesta de bienvenida del festival Surforama, que durante todo el fin de semana reunirá en el Espai La Rambleta a nombres como Man or Astroman?, The Hi Risers, Los Coronas, MFC Chicken, Link Protrudi o The Imperial Surfers entre otros.

Pensando en el futuro al margen de la música abrió un bar en Valencia, El Valiente, ¿cómo le va con él?

(Juanito Wau) Pues muy bien, la verdad. Estoy muy contento con eso, dentro de poco cumpliremos tres años. Sólo se trabaja los domingos en fin de semana, y los laborables por las mañanas, nada de vida nocturna así que vida tranquila. Nos da para vivir a mi mujer y a mí, para funcionar y tener algo de tiempo libre, así que muy contentos.

Ya dieron un concierto de despedida en México, pero esta es la definitiva. ¿Tienen ya la cabeza puesta en la vida post-Arrrgh?

Sí, sí, totalmente. Sí nos hemos estado viendo para preparar el nuevo single que pondremos a la venta el día del concierto (con dos temas inéditos), pero aún no hemos quedado para preparar el concierto en sí. Ahora nos pondremos en marcha con ello, pero vaya, que no va a ser nada especialmente gordo, sólo una gran fiesta entre amigos. Eso sí, puede que Isidro, el que fue primer teclista de la banda, se suba con nosotros para tocar algún tema. ¡Molaría que se hiciera dos o tres canciones!

¿Cree que habrá emociones fuertes en los ensayos?

Desde que vinimos de México ha pasado casi un año, y en realidad cada uno hemos estado a nuestra bola. Al que veo más es a Molongui (guitarra), también a Fletán (batería), y a los que menos veo es a Belinda (teclado) y a Satu (bajo). Cada uno tiene su marcha, y bueno, yo salgo poco, a algún concierto. Siempre estoy en la onda del rock'n'roll, pero a nivel vital vivo más de día.

Aunque ya no trabaje en una tienda de tebeos sigue con esa afición, ¿verdad?

Sí, a tope. Molongui sí sigue trabajando allí.

Esta despedida ha sido más meditada de lo que pueda parecer, ¿verdad?

Te explico cómo ha sido. El que dio el paso para que la banda dejara de existir fue yo, porque yo veía que me descargaba pilas. Al empezar con el bar, empecé a ver que yo ya no llegaba a todo. Personalmente, considero que si algo te apetece, tienes que hacerlo y punto. Por ti mismo. Pero no hay que hacer nada por presión. La banda era algo lúdico, que hacía por diversión. Nunca hemos vivido del grupo, sólo lo teníamos para tocar rock'n'roll entre colegas. Cuando eso perdió sentido para mí, veía que yo lastraba al grupo. Disfrutaba el escenario, pero lo de los viajes... eso ya se me hacía muy cuesta arriba, y empecé a agobiarme mucho.

¿Sintió pena por sentirse así? ¿O lo vivió como un proceso natural?

Agradezco mucho esa pregunta, Nacho. Esto lo he hablado mucho con mi gente y con mi mujer, que es la más buena del mundo, te lo digo de verdad. Le expliqué que notaba que necesitaba cerrar un ciclo que en realidad había empezado antes de la banda, que era el de vivir la noche a tope. Tengo una hija de 24 años y otra de 10, y lo que no le di a la mayor se lo quiero dar a la pequeña. Yo tengo una enfermedad, soy alcohólico, y dejar la bebida también me ayudó a entender todo este nuevo proceso vital que necesitaba afrontar. Llevo casi ocho años sin probar una gota de alcohol y siento que no está siendo nada forzado. Mi cabeza y mi alma me lo estaban pidiendo, estar con mi hija, con mi mujer, con mi gente. Por eso, me di cuenta de que al alargar la vida de la banda me estaba engañando a mí mismo. Así que llegué a la conclusión de que tampoco pasaba nada si Wau y los Arrrghs!!! llegaban a su fin. Lo hemos pasado bien, hemos viajado mucho, la gente se lo ha pasado genial con nosotros, hemos dejado ahí tres discos... Pues ya está amigo, no te engañes, porque ya has tenido suficiente. Déjalo ya. No puedes estar con una pistola apuntándote a la cabeza porque te dé pena dejarlo.

¿Cómo han llevado lo de convertirse en una referencia para la escena? Hay bandas que incluso les han dedicado canciones de agadecimiento.

Eso es muy bonito. Mola que haya chavales que respeten tanto tu música. Esto es sudor, es ritmo, sensaciones... todo eso tan abstracto ha sido captado de manera tan fuerte por nuestros fans que hacen que te sientas parte de ellos. Siempre nos hemos sentido parte de ellos.

«Antes nuestras giras eran un desfase muy, pero que muy burro»

Cuando se supo que lo dejaban hubo bastante drama entre sus fans. ¿Lo notaron en las redes sociales?

Sí. Cuando hicimos el programa especial de El Sótano de Radio3 se veía que la gente estaba bastante emocionada. Pero aunque fue una tarde con eso, con mucha emoción, también se vio claramente que somos gente de lo más normal, que se toma estas cosas sin excesivo dramatismo. No hay que ir de «flipones» (risas), así que nada... a quitarle hierro al asunto y a pasarlo bien, desmitificando y riéndonos de nosotros mismos (risas). En un nivel más personal, con la gente y los fans de Valencia que te encuentras por la calle, las razones de la separación ya se entendían sin tener que explicar nada porque nos conocemos más. Pero la gente de fuera que no conocía tanto nuestra marcha vital, nuestro día a día, sí preguntaba más por esas razones.

Algunos pensaban que si el grupo moviera multitudes y estuvieran forrados, no se separaría. Pero no es esa la cuestión... es la vida que exige la carretera .

Exactamente eso. Cuando yo entré en un centro para desintoxicarme, la banda se quedó parada dos años y a partir de ahí las historias más salvajes quedaron atrás. Pero antes, nuestras giras eran un desvarío y un desfase muy pero que muy burro.

Entró en la banda con treintaytantos. ¿Alguna vez ha fantaseado con cómo hubiera sido todo si hubiera empezado con 16 años?

Ostras, pues no. Date cuenta de que cuando salió nuestro primer disco yo tenía 35 años. Cuando empecé ya estaba cascadete. Madre mía, creo que si hubiera empezado con 16 no estaría vivo ahora mismo. Pero bueno, siempre hemos tenido esa urgencia juvenil, y de hecho a mí me salen letras para chavales de 15 o 16 años, ¡y no me salen las de amor! (risas). Siempre he querido que mis letras tuvieran ese punto adolescente, desmitificando y usando el sentido del humor.

¿Las dos canciones del nuevo single están escritas desde hace poco? ¿O llevaban tiempo en un cajón?

Te voy a contar una primicia: en el single que venderemos en el Surforama hay dos temas, una que se llama «Maldita» y otra que se llama «El mañanero», que es autobiográfica. Trata sobre mi época de "fistro"... el mañanero es el que no se quiere ir a dormir nunca, que al final nadie quiere estar con él y acaba solo, convertido en un brasas que se tiraba tres días sin salir de los bares, sin dormir... Para mí era muy complicado decir que no e irme a mi casa. Es un tema dramático pero riéndome de mí mismo, y cuando la banda leyó la letra... se quedaron flipados. Dijeron: «Joder con el Juanito». Nunca había escrito sobre este pasado mío, salvo quizá en «No me verás caer», donde digo que he recuperado mi vida.

Una de las noches especiales que recordará será la que compartió con Erwin Flores, de Los Saicos...

¡Sí! Lo que pasa es que yo esa noche llevaba un ciegazo... se puede ver en las fotos. Madre mía, madre mía... Madrid siempre ha sido nuestra segunda casa. Habremos tocado allí 14 veces, y también recuerdo la noche que presentamos «¡¡¡Viven!!!» en El Sol como otra de las especiales. También cuando presentamos allí el «Todo Roto»... hay un vídeo muy bonito por ahí, en el que se ve la comunión que teníamos con los fans. Hubo un momento en el que se estropeó el sonido de guitarra, se paró la música, el público hizo que no hubiera bajón cantando y cuando volvió la electricidad... ¡booom! Siempre saben estar ahí para disfrutar con nosotros, y eso lo agradeceremos eternamente.

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Que «Todo Roto» saliera tan bien debió ser una buena inyección de energía, sobre todo porque era la primera vez que grababan un disco sin haberlo tocado antes en directo.

Así fue. Cuando llegamos al estudio de Jorge Explosión, fue el disco que más tuvimos que repuntear y retocar. Las canciones estaban sin pulir, un poco con pinzas, y ahí Jorge hizo un trabajo sensacional. Además era la primera vez que yo grababa en un estudio sin ir pedo y pude aprender mucho, porque yo a nivel técnico siempre he sido bastante burro. También fue la primera vez que llevé letras ya escritas a la grabación, porque eso siempre lo dejaba para el final, cuando ya teníamos toda la parte musical. Pero esta vez Jorge me dijo que si no las llevaba ya hechas, se cagaba en mis muelas (risas).

En el caso de «Mañanero» imagino que la letra sí vino antes que la música.

Sí, pero la escribí la noche anterior nada más. Escribí tres temas nuevos, pero al final una que estaba dedicada a mi mujer se quedó fuera. Cuando grabé «Mañanero» y «Maldita» me noté hasta raro. Creo que tanto tiempo sin cantar, sin entrar a un estudio, me notaba raro. Creía que mi voz había cambiado y todo. Los que son muy fans lo notarán.

Uno de sus principales hobbies al margen de la música es el coleccionismo bélico.

Sí, tengo un montón de figuritas, monstruos, soldados de plomo, aviones... Ahora estoy montando y pintando aviones de la primera guerra mundial, sólo alemanes que son los que tienen una estética más molona. Los fokker, los albatros... me flipan. Tengo libros sobre fuselajes, sobre las mascotas que se pintaban... Otra cosa que me flipa mucho es la Grande Armée. Tengo una buena colección, con muchas cajas, porque me faltan estanterías...

Entre eso y los miles de vinilos que tiene, ¿cómo tiene espacio suficiente?

¡Y la colección de cómics! Lo reparto entre la casa de mi mujer y la mía. Ella vive con su hija y yo con la mía, vivimos a dos calles y si me apetece un tebeo me acerco y lo cojo (risas).

¿Cuántos collares de huesos ha gastado a lo largo de estos años?

El que tengo ahora me ha durado bastante, la verdad. Pero en estos quince años, oficiales he gastado tres. Me los hace un artista amigo mío que hace maravillas con los huesos, anillos, pulseras, lo que sea. Es cocinero en la cárcel de Picassent, y es un tío muy peculiar. Cuando me regaló el primero me dijo: «Juanito, tú llévatelo de gira y se rompe no te preocupes, me pegas un toque y yo te lo arreglo o te hago otro». Siempre se me pasó por la cabeza la idea de poner en los discos: «Juanito se viste con los collares de Toño». Sería una forma de darle las gracias, porque él siempre lo ha hecho sin ningún interés. El que tengo ahora es el que más tiempo ha estado conmigo, ha estado por toda Europa, ha cruzado el charco... Le tengo un cariño... Cuando voy a salir de gira y me lo cuelgo soy como Batman. En todos estos años ni lo he restaurado ni lo he limpiado. Tiene acumulada toda la chicha de las giras (risas). Cuando termine el concierto del Surforama se me ha pasado por la cabeza coger los botines, mi chaleco y el collar, hacerles una foto y poner: «Esto ha sido todo, hasta luego peña». Como ves, yo también necesito mis rituales.

Cuando pase toda esta despedida, ¿tiene pensado hacer algo relacionado con la música en el futuro? No sé, hacer radio o algo así...

Pues no lo había pensado, pero lo de la radio molaría. De vez en cuando cuelgo algún disco en Facebook y tal, con algún comentario personal... Estaría bien. Pero estoy desconectado de la acción, de la vida en la escena... Mi vida la dedico a cargar mis pilas, a estar con mi mujer, mi hija, mis excursiones. Estoy en un momento placentero, «muy tranqui». Disfruto mucho de pasear por la playa, de comerme un bocata, de todo. Estoy muy contento ahora con mi vida, hago lo que me apetece, me siento cuidado y querido. Parece una tontería pero es muy importante para mí después de todo lo que he pasado. Pero mira, sí... tengo un sueño por cumplir relacionado con la música, y no lo descarto. No es un proyecto, es una ilusión, pero me gustaría hacer algo con la punki de mi hija, la mayor. Ella es más «hardcoreta», tiene mucha mala hostia y mucho carácter, y puede salir algo bueno de ahí. Después de todo lo que he hecho con los Arrrghs!!!, esta es la única espinita que todavía me ronda la cabeza. Si se puede dar la oportunidad, que sepa que aquí está su viejo para hacer los ruidos de la selva.