Ximo Puig y Pedro Sánchez, durante la festividad del 9 d'Octubre
Ximo Puig y Pedro Sánchez, durante la festividad del 9 d'Octubre - MIKEL PONCE
Política

Ximo Puig: un «exsusanista» a lomos de Pedro Sánchez

El presidente de la Generalitat, de perfil más cercano al nacionalismo dentro del PSPV, fía su futuro al del presidente del Gobierno, al cual ha acercado sus posiciones en defensa de las relaciones con los independentistas

VALENCIAActualizado:

Para analizar la figura de Ximo Puig dentro del PSOE, hay quien todavía recuerda la dura crisis vivida en la organización en 2016. El presidente de la Generalitat fue uno de los 17 dimitidos de la Ejecutiva para forzar la marcha de Pedro Sánchez. Por aquellos días, el también líder del PSPV mostraba públicamente su descontento con el secretario general de su partido al haberse sentido «desautorizado» en el intento de conformar una lista conjunta al Senado con Compromís y Podemos. La llamada «Entesa» de la cual, para las próximas elecciones de abril, los propios socialistas valencianos no estaban ya convencidos.

Puig se alineaba con Susana Díaz e incluso votó a favor de abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno antes que celebrar unas terceras elecciones. Unos posicionamientos que iban en línea de los de otros líderes autonómicos como Javier Lambán (Aragón), Guillermo Fernández Vara (Extremadura), Javier Fernández (Asturias) o Emiliano García Page (Castilla-La Mancha).

La efervescente vida interna del PSOE le generó problemas en la organización valenciana y en el Consell, pero trató de separarlos para que no interfirieran. Los consiguió calmar con el tiempo. Con el tiempo y con la celebración de primarias en el PSPV en julio de 2017, con las que ratificó su liderazgo pese a la batalla planteada por el sector «sanchista». Puig supo jugar y rodearse de referentes que apoyaron a Pedro Sánchez, aunque en el proceso se evidenció la división interna de la formación.

La escasa sintonía entre el presidente del Gobierno y el de la Generalitat iba a ser difícil de recuperar después de todo, pero las circunstancias políticas han provocado un viraje de las posiciones por parte de este último que lo han acercado al primero.

Más allá de su visión en cuanto a liderazgos de partido, Puig tiene unas convicciones territoriales muy marcadas. De hecho, para personas de su círculo cercano, nunca tuvo sentido la apuesta por Susana Díaz. Defensor exacerbado del federalismo en su visión de España -y, por tanto, también de la estructura del PSOE-, sus postulados se encuentran en ocasiones más próximos al nacionalismo que los de muchos miembros del PSPV -donde coexisten varias almas, algunas más defensoras del centralismo y la unidad nacional- e, incluso, de Compromís.

Valencianismo y nacionalismo

Él mismo se define como valencianista, y lo cierto es que no extraña encontrarlo cómodo con determinadas políticas educativas o lingüísticas implantadas por las consellerias que ostenta la coalición y que han sido objeto de polémica. Además, a lo largo de la legislatura ha otorgado cuantiosas subvenciones a entidades catalanistas como Acció Cultural del País Valencià y a empresas ligadas a su hermano. Cuestiones por las que PP y Ciudadanos le han criticado reiteradamente.

No resulta soprendente, por ende, que haya sido uno de los pocos barones socialistas que ha alzado la voz en defensa de la gestión de Sánchez por la crisis de Cataluña -incluyendo la propuesta de la controvertida figura del «relator»- o los pactos con los independentistas. Con su posición, el presidente de Gobierno ha encontrado un aliado inesperado que ya se puso de su lado cuando quiso poner en marcha la moción de censura que le llevó a la Moncloa. Aun así, poco lo ha contentado en materia de cambio de modelo de financiación autonómica.

En este contexto, Puig tomó hace una semana la -probablemente- decisión política más importante de su mandato: el adelanto de las elecciones autonómicas para hacerlas coincidir con las generales el 28 de abril. Con este movimiento, el jefe del Consell fía su futuro, paradójicamente, al de Sánchez, del que fue poco simpatizante en su momento. Aunque la prerrogativa es del presidente de la Generalitat, el apoyo de Ferraz ha sido una de las claves para la determinación final, que precisamente no comparten barones otrora aliados en lo interno como Vara o Page.

El interés de partido y las victorias o derrotas marcarán la relación entre Puig y Sánchez tras el 28-A. Si ambos líderes triunfan de la mano o si alguno se suelta en el camino. Si se mantienen como referentes del futuro PSOE o si una caída lastra sus expectativas.