Una veguería en El Cabanyal

OBDULIO JOVANÍ
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LLEVAMOS ya muchos años sometidos a los salvadores prosaicos, callejeros, contingentes, apóstoles del verde, del ecologismo, feministas y liberados, detractores de la contaminación, de la especulación, de la privatización...

Los hay también de hemiciclo, que ya llevo años echando de menos a aquella redentora a la que despedí con resignación —¡sic transit Gloria Marcos!— musa que tantos lunes de glosas me diera. Ha vuelto a un puesto orgánico. Como ha vuelto Joan Ribó, manresano, minorista de izquierdas, olímpico de carril bici, demóstenes de retórica cansina, huera como la onomatopeya de un bostezo, que encabezó la reata marxista reconvertida al verde —mercaderes del paisaje, defensores de los derechos humanos del escarabajo pelotero— que en cuanto puso el pie en el andén de la estación de Valencia, ya advirtió de que hablábamos la misma lengua. Vino con elpedigri de culto. Con un idioma que al decir de Mossen Alcover —tomo la cita de García Ferrada— «era dejectat com a repussai, com a morques, com a dialecte pudent, corromput, tirador... un desbarat ferestec des de un punt de vista lingüístic, sino des de un punt de vista polític».

Ni Ribó ni Marcos han leído nunca a Alcover, solo leen a los ortodoxos. Menos aún a Joan Reglà, venido de Vic como profesor de Historia, que escribió así: «Per què estandaritzar la llengua valenciana i privar-la de tot allò que la fa amorosa... per què no conservar els girs i els modismes... yo adoro el fet diferencial, adoro el lenguatge del meu poble de Girona que no pretenc que sigui igual que el de Picanya. A cadascú lo que es seu, llengua i patria antiga, diferència i matis: una sintaxi propia que fa que l'escriptura es faci música distinta quan es parla».

De otra forma vino a decir lo mismo Gregorio Salvador, de la Academia Española, cerrándole las fauces a un filólogo depredador: «Las palabras se pulieron por sí mismas porque las pulieron quienes las crean y quienes las hablan». Por eso hay tantas lenguas como hablantes, como dijo Coserin, por eso nadie habla mal su propia lengua, como escribió el profesor Xaverio Ballester.

Echo de menos también a Marina Albiol. La mirabas donde los pechos se encocoran y mengua la cintura y podías leer aquella arenga en su camiseta: ¡¡República, a por la III!! —la II fue la vencida; ahora la que atruena en el hemiciclo de la gallera de las Cortes Valencianas es Mónica Oltra, salvadora, redentora del Cabanyal, que ametralla las palabras rebozadas con bilis. Secreción que se cura con omeprazol.

El Cabanyal tendrá reconocidas sus reivindicaciones cuando se convierta en una veguería, que a esa división quiere llegar Montilla cuando tenga mando en esta plaza, que hasta la presidenta del Partido Popular de Catalunya, Alicia Sánchez Camacho, quiere que se vea aquí TV3, esa cuña para la reconquista, que «la ética de ese organismo anacrónico y patriarcal de la Generalitat, no se para en escrúpulos legales, y su vasta conciencia le permite sin empacho ser juez y parte interesada en el divertido juego de su nacionalismo vergonzante». Escrito en «El Socialista», órgano del PSOE, 4-8-1931