Con V de Valencia (y Villalonga)

DE acuerdo: no soy socio ni accionista del Valencia Club de Fútbol, lo cual no me invalida como columnista -al menos, así lo creo- ni me imposibilita dar una opinión sobre el momento (surrealista

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DE acuerdo: no soy socio ni accionista del Valencia Club de Fútbol, lo cual no me invalida como columnista -al menos, así lo creo- ni me imposibilita dar una opinión sobre el momento (surrealista, complicado, difícil, extraño, supercalifragilístico... elíjase el adjetivo que mejor considere) que vive el equipo más representativo -hasta ahora-de la ciudad de Valencia y de la Comunidad Valenciana, porque el Villarreal (otra uve a tener en cuenta), le disputa, con toda razón, ese derecho.

Mentiría si digo que no estoy preocupado por todo lo que está pasando. Tengo muchos y muy buenos amigos que se ganan los garbanzos día a día haciendo el seguimiento del Valencia y les veo más que ocupados, preocupados. Y mucho. Como que están en un sin vivir que no es lógico en estas calendas de julio, cuando el calendario marca que es tiempo de vacaciones, en que la plantilla debería estar de asueto total, reponiéndose de una temporada que no se le puede desear ni a un madridista. En vez de eso, tenemos a todos los jugadores con la mosca en la oreja. Y hasta el propio entrenador afectado por un morrocotudo mosqueo, porque sin tiempo aún de calentar el banquillo ya ha visto como se le trataba de enfriar el pensamiento y los ánimos dándole alas y eco a un runrún que apuntaba que el nuevo mandamás, Juan Villalonga, había tenido algo más que escarceos con Luis Aragonés para que el mejor entrenador de le Eurocopa 2008 se olvidase de su pasión turca y se viniese a entrenar equipo valencianista.

¡Qué tiempos aquellos en que llegando el mes de julio se tenía que sacar de paseo por las redacciones de los periódicos una serpiente para que amamantase con sus leyendas, a cada cual más inverosímil y estrambótica, páginas y más páginas! Llevamos ya muchos veranos en que ya no hay necesidad alguna de insuflar vida a la viperina. Un estío, como lo fue el pasado, vivimos de las rentas electorales de las elecciones locales y municipales. En éste, no damos abasto con la crisis, por mucho que el Gobierno de Rodríguez Zapatero y sus ministros sigan haciendo malabarismos semánticos, contrabando dialéctico, con tal de no darle carta de naturaleza a una patética situación que ya se ha cebado en centenares de miles de ciudadanos que no saben cómo llenar la cesta de la compra ni pagar la hipoteca del piso.

Mucho hablar de las dificultades de Martinsa Fadesa a nivel nacional e inmobiliario, pero no podemos olvidarnos de otras suspensiones de pagos, que es como ahora se llama al concurso de acreedores, como por aquí tenemos y sufrimos. Ahí está varado el que fuera por excelencia buque insignia del textil de la Comunidad Valenciana, Colortex y su grupo de empresas, como símbolo de una crisis que es especialmente sangrante en el textil valenciano. Y no pasa nada. No hay tal, acaso sí algo de ralentización, freno, dificultades momentáneas, desaceleración...

Este verano, además, por si algo nos sobrase, la serpiente etarra se enroscará en el árbol de la decencia y desde allí -desde el piso en la donostiarra calle de Carlos I en el que se alojará el asesino de veinticinco víctimas que responde al nombre de Iñaki De Juana Chaos- nos escupirá a todos la ponzoña de su descaro y la altanería criminal de su mirada. ¡Qué asco!

Reclamo ya la urgente presencia de la uve de verano, vida y verdad para poder hablar de victoria. Victoria frente ETA, sobre todo, como asignatura más urgente. También, por qué no, de las victorias del Valencia de Villalonga. (Y de Pilar Vicente, la colega a la que le deseo todo lo mejor).

joseluistorro@gmail.com