El Valencia respira aliviado con un triunfo balsámico

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RAÚL COSÍN

VALENCIA. ¡Buf!. Eso es lo que hizo ayer Unai Emery, técnico del Valencia, cuando finalizó el partido de Liga de Europa ante el Génova. Los «che» ganaron 3-2. Se cumplió la estadística de que los blanquinegros necesitan al menos tres dianas para lograr la victoria. La guinda la puso Villa. El de siempre. Pero la cuestión es que la puso y que en Mestalla todos pudieron respirar.

Por más que los valencisniastas tocaron y tocaron el balón durante la primera mitad. Y por más ocasiones que tuvieron, siendo desechadas por Silva, Mata y Zigic -el gigante, de indudable calidad, se encontró como un cuerpo extraño entre los Mata, Silva y Pablo, que no buscaron explotar la altura del serbio-, al Génova le costó muy poco irse al descanso por delante en el marcador tras varias contras y la caraja defensiva al final del acto. Floccari aprovechó el despiste de Mathieu, que se quedó pidiendo el fuera de juego.

Las buenas intenciones de los «che» en cuanto a ejercer una presión firme en todo el campo y mostrarse rocosos en defensa, como se le reclamaba a Emery en las últimas semanas no duró más allá de veinte minutos.

De Zigic a Villa

Emery es un técnico constante. No da la espalda a su filosofía, aunque el cargo le vaya en ello. Así, los suyos volvieron al sobe del cuero, porque Banega entró en el partido y le sirvió el tanto del empate a Silva en el 51. Bastaron cuatro minutos más para darle la vuelta al marcador. Zigic remató en el área chica una asistencia de Mata. Respiraban. Habían remontado, porque lso valencianistas fueron ambiciosos y lo quisieron a diferencia de otros choques de esta misma campaña.

El arreón local se frenó con un penalti que materializó Kharja. El Valencia no perdió la cara al choque. Apretó, jugó, tocó y se llevó el triunfo final con gol de David Villa, de penalti. El resultado se puso ampliar. Los bajitos se unieron y se buscaron, pero la cosa quedó con el respiro final.

Slavia de Praga, 1 ; Lille, 5.