¿Universidad o casa profesa?

POR: OBDULIO JOVANÍ
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REMEDO al Rodrigo Caro de las ruinas de Itálica: «Estos, ¡oh Fabio!, ay dolor, que aquí ves, claustros de mezquindad, mustio mercado, fueron ayer de Valencia, Universidad famosa». Ahora, retranqueada y tribal, en decadente sustraendo, es noviciado para doctrinarios y redentoristas de la denominación de origen. Si «quod natura non dat, Salmantica non prestat» —en valenciano diríamos «com Salamanca, que ni aumenta ni manca»— en esta de aquí no se admiten disidentes, solo es apta para convictos, para utilitaristas sometidos a vasallaje que le dan gustirrinin al amo y se quedan tan devengados. Así, nunca faltan adventicios de cualquier ortodoxia con tal de que sea remunerada.

Bien se sabe que el hábito no hace al monje, ni el griñon a la monja, ni el birrete al doctor —«la suficiencia sí hace al imbécil», escribió Antonio Muñoz Molina— aquí lo que hace es el apostolado, es sentar plaza de prodigio, es razonar a rajatabla, de la infatuación al falsete, del sofisma al tocomocho. Aquí vale quien sirve. Aquí, mansos de sopeo y pupilaje, de babeo y lametón, sirven todos revestidos de nacionalismo —lengua, paisaje, raza— embozados de eufemismos, arengados en una Historia apologética, con unos adversarios opresores y siniestros ¡los que no sabemos con quiénes estamos hablando!

Vienen de una revolución cultural, cuasimaoista, que retiró imágenes centenarias, enarboló otra bandera, recompensó fidelidades, excluyó a los no confidentes y sacó de España a la Universidad, situándola en l'Horta, en «l'ambit del catalá», circunscrito por la «Xarxa Vives» y «l'Institut Ramón Llull» a modo de Casa Parda del nazionalsocialismo de Munich, aquí traspuesto en «nazionalcatalanismo», como lo definiera Amadeu Fabregat.

Siguen con la misma bandera —la que Fuster llamara «ingredient irracional»— siguen en sus erre que erre, en sus treces, aunque les faltan ya muchos de los conspicuos que les dieran carisma y tienen que recurrir ya a nostálgicas evocaciones. Ahora le están haciendo un homenaje —por servidor de causa— a Raimon —¿qué tendrá que ver la Universidad?— de quien dijo Josep Pla «llança els seus crits esqueixats... amb els seus galls patétics...»

Van a celebrar elecciones a rector, con cuatro candidatos —tres y una— de cuyas opiniones cabe deducir que en la Universidad todo cambiará para que todo siga igual: seguirá siendo noviciado, casa profesa. Tres de ellos —dos y una— hablan de «lengua propia» o de «nuestra lengua» Uno de ellos, Vicent Soler, añade lo de «valenciano», asumiendo su compromiso de trabajar por su «dignificación y uso». Hágalo, devuélvasela a sus hablantes que la usaron los siglos —¿cuatro y medio?— en que la Universidad la ignoró por completo, hasta que se la dejamos, viva y rica de matices en los dinteles del Paraninfo, y con la que hacen ahora espuria hostilidad. Ya verán, el rectorado seguirá sin banderas por no tener que izar la de la Comunidad y la de España ¡vade retro! ¿O acaso encargarán a Mariscal que diseñe otras? Ya puso ahí sus monigotes... ejemplarizantes testimonios.