La Universidad, devuelta a España

POR OBDULIO JOVANÍ
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COMO todo se pasa, han pasado veinticinco años desde que un grupo de okupas -con los cerebros abultados artificialmente de «hechos diferenciales», tan iguales siempre- dieran una patada en la puerta del paraninfo de la Universidad de Valencia y se acomodaran en ella, marginando a quienes no se adhirieran a sus credos, a quienes no repitieran las melopeas inacabables de sus letanías de dominación.

Saquearon la Historia, las dudas recibieron avales dogmáticos, la certeza se cerrazón, con las lenguas se perpetraron hostilidades, con el «Nosaltres» fusteriano se formaron convictos de causa, se hizo una España que acabó siendo «un lugar sin más», camino de la unidad en la franja costera mediterránea -a modo de Gran Serbia- y con el requisito lingüístico exigido hasta para usar el WC, olvidando lo que escribieran las Juventudes Socialisas en «El Socialista» en 1931: «En las Normales y en la Universidad del Estado no debe usarse otro idioma que el español». Nada extrañe que la Inquisicion comenzara en Cataluña, en donde 92 años antes que los Reyes Católicos expulsaran a los judíos, se quemó su judería...

De nuestra Universidad hemos sufrido sus alevosas coacciones, con el argumento escolástico de autoridad, tan caduco, arropados con el adjetivo absoluto de la unidad, esa argolla que ahoga la libertad que miden los infusos por la suya propia y no por el grado que de ella tenemos los demás.

Y ha sido beaterio donde prevalecían las consignas sobre las tesis. Y fue el tiempo glorioso de los filólogos de facultad, funcionarios de la ciencia disimulando sus dogmatismos con jactancia y vanagloria, con melifluidades, evanescencias, narcisismos, mascarillas de arcilla, leche de pepinos y colorete; les bajaba de arriba todo pensado y decidido, no tenían mas que servir. Y así, con esa «ciencia filológica» -fanfarria para maestricos- la Universidad fue caja de reclutas, mercadillo, escuraeta, hogar del camarada. Llevaron de escoltas al Equipo A, a la Acorazada Brunete y al Séptimo de Caballería, recurso a mano que se usa cuando los argumentos son virtuales. Su totalitarismo lo tenemos bien probado. Veinticinco años así. Se integraron en el «Institut Ramón Llull», esa Internacional del Seny que mantiene la unidad de los Païssos Catalans levitando sobre un sofisma.

El caso insólito es que en la balconada del Rectorado de esa Universidad han aparecido tres banderas: la Europea, la de España y la de la Comunidad Valenciana. La primera es novedosa, reciente; la de España fue retirada, como el mismo nombre -«España»- que borraron hasta de los membretes; la de la Comunidad figura con franja azul coronada.

Le llegará el turno al escudo de la Universidad, volverá la imagen de la sapiencia como contraste con la nescencia de quienes la retiraron, se dejarán de hacer enseñanzas «irreversibles», algo que no cabe en una Universidad.

Hay un nuevo rector, que no cambiará todo, pero que entre alambiques y tubos de ensayo, entre albarelos quizás, podrá comprobar que la Universidad es «alma mater« -«madre nutricia»- y no la madre del cordero con guarnición nacionalista.