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Gabilondo, el cunero que no será

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«Este año tenemos ministro», me dijeron en Ontinyent como anuncio de una inusual presencia. Raro es ver un alto cargo ya sea estatal ya autonómico en las Fiestas de Moros y Cristianos de Ontinyent. Las fechas no son propicias para que los mandamases dejen la arena de la playa por una silla en la tribuna presidencial desde la que contemplar las Entradas de Moros y Cristianos. Este año, sin embargo, íbamos a tener ministro por partida doble. Leire Pajín se dejó caer el miércoles 24, mientras que Ángel Gabilondo lo hizo el 26, día grande de las fiestas por la munificencia y espectacularidad que ofrecen los desfiles en los que los capitanes de ambos bandos lucen sus mejores galas y boatos.

Gabilondo se había dejado ver en Valencia a principios de agosto en la toma de posesión del presidente Alberto Fabra. Ahora era Ontinyent, con las cámaras de Canal 9 ofreciendo en directo la retransmisión de la entrada cristiana espléndidamente capitaneada por Daniel Francés, de la comparsa Bucaneros, en donde el ministro de Educación volvía a dejarse ver. La verdadera razón de esta doble comparecencia agosteña se desvelaría días después, cuando se supo que el candidato Rubalcaba, pasándose por la entrepierna la autonomía del socialismo valenciano, hacía saber su deseo (deseo que en su caso y en lo que a su partido se refiere son órdenes) que el ministro Ángel Gabilondo formase parte de la lista del PSOE por Valencia.

Otro lío para Jorge Alarte. Cuando no era la federal era el propio Rubalcaba (definitivamente perdido el Pérez paterno) quien se proponía complicarle la vida y las listas electorales al secretario general de los socialistas valencianos, que tan felices se las prometía a la hora de confeccionarlas. Y más, después de haberse desembarazado de una cunera por más que nacida en Valencia como lo fue María Teresa Fernández de la Vega. Pero llegó Rubalcaba y mandó parar hasta en tanto no quedase asegurada la presencia de su patrocinado Ángel Gabilondo. Y no en cualquier puesto, sino como cabeza de cartel.

En ese contencioso estaba la dirigencia socialista valenciana cuando el periódico más rubalcabeño de este país publicaba una encuesta que como las aparecidas en otros medios, daba cuenta de la enorme brecha abierta entre populares y socialistas. Más de catorce puntos de diferencia, a poco más de dos meses de las elecciones, debieron parecer a más de un presunto candidato un serio aviso del severo castigo que podría padecer todo aquel que formase parte de una lista socialista. Gabilondo, al igual que otros pesos pesado, caso de la vicepresidenta Elena Salgado, el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, la ministra Cristina Garmendia, el ex de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, es de los que a la vista de una predicción tan desafecta para los intereses socialistas, hace suya la expresión que antecede al portazo: «Mariquita el último», dice, al tiempo que renuncia a ser candidato por Valencia. Todo una «espantá», fruto del canguelo. Rubalcaba se emputa por el desaire tanto como Jorge Alarte lo celebra. Se quita de encima un lío y así podrá colocar a uno más de los suyos… salvo que Rubalcaba se empeñe en meterle otro cunero. Con lo que eso duele.