En tierra de Chaves y Aído

Los miembros y miembras de la ciudadanía que conforma el país en el que ha nacido Bibiana Aído asisten estos días, plenos de perplejidad, al descubrimiento de una nueva trama de corrupción en

POR ÁLVARO MARTÍNEZ
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Los miembros y miembras de la ciudadanía que conforma el país en el que ha nacido Bibiana Aído asisten estos días, plenos de perplejidad, al descubrimiento de una nueva trama de corrupción en Andalucía. Sin famosos ni salsarrosos (hasta el momento) lo ocurrido durante los últimos años en el Ayuntamiento socialista de Estepona tiene un olor muy parecido a cualquier fosa séptica de poblado chabolista. El asombro no viene determinado por el hecho de que el trinque a manos llenas sea un hecho inusual en la Comunidad autónoma en la que gobierna Manuel Chaves, sino por la asombrosa capacidad que éste, sus consejeros y sus altos cargos han mostrado para permanecer tanto tiempo seguido en la inopia y sin enterarse de nada. Desde los tiempos de Nerón, nadie en la historia de la política se ha mostrado más a gusto en tierras de Babia mientras los saqueadores -algunos con carné socialista y figuras referenciales del partido de Zapatero- se llenaban los bolsillos de manera ilícita. En este apartado, Chaves viene mereciendo desde hace muchos lustros el premio «Avestruz del año» por su portentosa capacidad para, en este contexto criminal, respirar con la cabeza enterrada en la tierra y salir vivo de la peripecia.

Porque esa es otra; siempre es mejor pensar que tanta dejadez en la vigilancia y custodia del interés general de los andaluces por parte de Chaves responde a su rotunda incompetencia. No es un consuelo, pero una alternativa diferente es aún más altamente inquietante.

En el país de Bibiana Aído es perfectamente normal que la inspección de la Junta sea una especie de autobús de suecos donde todos silban y miran hacia otro lado. «No, no, que el tiempo no te cambie», dice la última melodía utilizada por los socialistas para hacer propaganda electoral. Y a fe que el tiempo no les ha cambiado una pizca, porque pese a mantenerse en el poder desde hace más de veinticinco años la cleptomanía a gran escala y la corrupción siguen sucediéndose ante la pastueña transigencia de la Junta de Andalucía. La nómina resulta inabarcable y este espacio, insuficiente para dar cabida a la lista de «trincones» surgida allende Despeñaperros. Desde los tiempos de «mihenmano el conseguidor» y los cafelitos provechosos en el despacho oficial de Juanito Guerra en Sevilla, a este lío de Estepona, pasando por la cueva de Alí-Babá marbellí, da la sensación de que meter la mano en lo ajeno (bien sean en bienes muebles o inmuebles) ha sido una seña de identidad de la Andalucía gobernada por los socialistas. «No, no, que el tiempo no te cambie», ya lo dice la canción.

Está por llegar, sin embargo, el despertar de la ciudadanía. Son los paisanos y las paisanas de Bibiana Aído los que han de exigir a sus gobernantes y gobernantas que detengan de una vez por todas el aire nefando que expele por su tierra el ventilador de la corrupción. Nunca será tarde para abrir lo ojos y tomar conciencia de bajo el mandato de quién ha proliferado esta legión de golfos. Pobre resulta el consuelo urgente de alegar que los socialistas implicados han sido expulsados del partido. «Fulminantemente», enfatizan desde el PSOE. Mal vamos cuando acudimos a los adverbios, porque a mí se me ocurre otro: «Tardíamente». El asunto es que Chaves debería haber luchado contra ese chicago inacabable. A estas alturas, va resultar difícil que la cultura del robo no prenda definitivamente en esas costas. Son demasiados años de bandolerismo urbanístico, de picasso en cuarto de baño, de coche de lujo y de traje de Brioni, ya saben, el sastre que viste a James Bond en Londres y a Alí-Babá en la tierra de Bibiana Aído.