Ferran Garrido - Una pica en Flandes

Tengamos la resaca fallera en paz

«El mundo fallero, comisión a comisión, es una de los colectivos sociales más democráticos que conozco»

Ferran Garrido
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Este año me ha costado recuperarme. Después de saber que casi toda la lluvia caída en Valencia durante el invierno lo hacía durante la noche de la cremá, de sentir que gran parte de esa lluvia me había caído a mí encima, y que de poco sirvió para limpiar los orines y residuos de nuestras calles, me ha costado recuperarme de la resaca fallera por partida doble, que los constipados, a mi edad, cuestan de curar.

La semana de resaca ha dado para mucho más que para una caja de paracetamol y un pack completo de pañuelos de papel. Entre los vapores del resfriado he podido pensar en muchas de las cosas que han ocupado páginas y páginas de la actualidad entorno a las Fallas. Una recopilación de todo lo que se ha dicho a modo de balance me lleva, sin remisión, a una crónica escatológica de residuos varios, restos orgánicos de todo tipo, excusas de mal pagador, carencia de retretes públicos, mucha fritanga callejera de diferente etiología y cortinas de humo de corte político que no proceden, precisamente, ni de la cremà ni de la pólvora.

En el tema de la polémica por los jurados de la Sección Especial prefiero no entrar, que me conozco. No les voy a decir lo que pienso sobre las acusaciones oportunistas y electoralistas surgidas alrededor de la composición de los jurados ni de cómo algunos se apuntaron al carro de las críticas olvidando que ellos mismos fueron objeto de los “zascas” hace bien poco a causa de ciertos reglamentos de vestimenta de las falleras de la Corte. No voy a valorar como consideran algunos los resultados democráticos de los sistemas de elección según les conviene, olvidando que con sistemas distintos la composición de, justo un año anterior, no fue muy paritaria precisamente. Lo dicho, no lo voy a hacer. Sólo quiero recordar que el mundo fallero, comisión a comisión, es una de los colectivos sociales más democráticos que conozco, asambleario e igualitario, excepto en la elección de la composición de su máximo órgano, que en el fondo, también.

Pero hoy no voy por ahí. Verán, el gato escaldado del agua fría huye. Soy fallero, lo he sido desde siempre y lo seguiré siendo. Para bien o para mal es una de mis señas de identidad, y la de miles y miles de personas, que muy a menudo nos sentimos maltratados desde diversos flancos, bien sea desde la autoridad competente o bien desde las organizaciones hosteleras. Bien sea desde la política o bien desde nuestros propios vecinos. En fin, que esto ha pasado siempre y siempre hemos recibido, los falleros, en nuestro culo las patadas que los diferentes sectores le han querido dar al Ayuntamiento, auténtico responsable de la organización de una fiesta que pagamos nosotros.

Imagen de la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados
Imagen de la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados

Esta vez huyo del agua fría al leer titulares como “Acaban las Fallas más polémicas” o algún que otro ladillo, en negrita, del mismo género. Y me da miedo que al final, los falleros, las fallas, las comisiones, volvamos a ser los culpables de todos los males. De la desorganización a la hora de conceder las licencias de las verbenas, del caos circulatorio causado por la distribución de los carriles bici en conjunción con ocupaciones de vía pública de diverso carácter, de que no hubiera suficientes urinarios públicos, pocos contenedores y de que las papeleras estuvieran a rebosar. De que muchos actos hayan sido víctimas de una desorganización catastrófica y de que los sindicatos de la Policía Local y lo Bomberos se quejen de la improvisación, la falta de personal, la descoordinación y el caos, en definitiva, de la mala gestión de la fiesta.

Nada como crear un problema y satanizar una situación para ofrecer una solución a posteriori y vender imagen de “salvadores de la patria”. Y eso es precisamente lo que me da miedo. Y no sé si me asusta más que las cosas se hagan a conciencia, ya saben por qué y para qué, o que se hagan desde la inconsciencia, lo cual aún me aterroriza más.

Las Fallas son una maravilla elevada al cielo de la UNESCO. Pero que no nos usen como tapadera para la incapacidad en la gestión, cuando los miles de turistas que llegan, al amparo del atractivo mediático del patrimonio inmaterial, se mean, por no decir otra cosa, en nuestro patrimonio material y dejan toneladas de basura en nuestra ciudad.

Me ha costado una semana digerirlo y es cosa de todos ya que todos salimos beneficiados del éxito de la mejor fiesta del mundo. Pero que la “autoridad competente” no busque ni chivos expiatorios (como siempre) ni excusas, o les tendremos que decir aquello de “consejos vendo que para mí no tengo” en un año electoral en el que los falleros y su entorno también votan.

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