Spike Lee: «El cine puede cambiar el mundo, pero hay que darle tiempo»

POR M. MOREIRAFOTO ROBER SOLSONAVALENCIA. Con un semblante serio (que una oportuna conversación sobre deportes consiguió relajar), y pulcramente ataviado con un sombrerito 100% rapper neoyorquino, se

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POR M. MOREIRA

FOTO ROBER SOLSONA

VALENCIA. Con un semblante serio (que una oportuna conversación sobre deportes consiguió relajar), y pulcramente ataviado con un sombrerito 100% rapper neoyorquino, se presentó Spike Lee en Valencia el sábado pasado. El director norteamericano, que se ausentó por un día del rodaje de su primer drama bélico, que comenzó este mes en la ciudad de Pisa, asistió al concierto sobre bandas sonoras de cine que acogía el Palau de la Música en el marco de la Mostra de Valencia. Melómano de cuna, puesto que su padre era contrabajista de jazz, alabó las virtudes de la Orquesta de la Fundación Jaume II El Just, encargada de interpretar el programa.

Su proyecto en ciernes se titula «Miracle at St.Ana» y se basa en la novela de James McBride sobre los soldados afroamericanos que lucharon en Italia contra los fascistas durante la II Guerra Mundial. La cinta cuenta con un reparto «muy interesante» que encabeza James Gandolfini («Los Soprano») y John Turturro, actor «muy versátil» al que el realizador ha incluido en once de sus películas.

Lee, autor de rotundos éxitos de crítica y taquilla como «Do the Right Thing», «Malcom X» o «Inside man», se considera «muy afortunado por haber podido hacer las películas que he querido hacer». Aunque eso no significa que siempre pueda materializar sus ideas. Fallido fue su intento de llevar al cine un biopic de James Brown, así como una película sobre Los Angeles Riders.

Aunque muchos de sus proyectos se han fraguado al calor de Hollywood, Lee no se sustrae a los defectos de los grandes estudios. «En EE.UU. hay censura; es tan fácil como que si no cuentas lo que quieren oír, no te dan el dinero». «Además, en el régimen de Bush, si alguien habla contra la guerra se le acusa de antiamericano, y la gente se lo cree».

Si algo caracteriza la obra de Spike -apelativo que le impuso su madre y que significa «escarpia» por su pequeña y tozuda naturaleza- es su apuesta por un cine comprometido con los derechos de la población afroamericana, la descripción de la marginalidad urbana y la denuncia política. ¿Piensa todavía que el cine puede cambiar la sociedad? «Existe un debate sobre cuánta influencia podemos tener sobre la población, y la respuesta es que sí, pero con tiempo. Todo el mundo pensaba que después de «Fahrenheit 9/11», de Michael Moore, la reelección de Bush era imposible. Y mire qué pasó». Tampoco surtió demasiado efecto su largo documental sobre «cómo el Gobierno de USA tapó el desastre en Nueva Orleans posterior al huracán Catrina». Trató de emitirlo por la NBC pero no prosperó.

Lee es uno de los muchos artistas norteamericanos preocupados por el panorama político de su país, así como por la indiferencia de su población, que aunque «sabe por la televisión y los periódicos lo que ocurre en Irak, ha llegado un momento en que se desensibiliza con lo que allí está ocurriendo». Reconoce sin embargo que la situación de la población afroamericana ha mejorado, tanto como para que «el próximo presidente de EE.UU. sea un negro o una mujer».

El director norteamericano, que ha comenzado el rodaje en Italia de su primer drama bélico, visitó fugazmente Valencia, en el marco de la Mostra de cine

Imagen tomada a Spike Lee (Atlanta, 1957), el pasado sábado en el Palau de la Música