Guillem Bertomeu - LLETRAFERIT

Sobre la gestión de la mediocridad

«Estamos enganchados a la información, pero pocos nos paramos a leer un libro de calidad»

Guillem Bertomeu
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Estas últimas semanas estuve oyendo un ivoox, que viene a ser como la radio a la carta para los no entendidos, sobre los dos temas que están a la orden del día. Uno de ellos es el sobre acceso a la información en el que actualmente vivimos y otro es que también vivimos una época donde estamos “secuestrados” por las redes sociales.

Dos temas preocupantes. ¿Quién puede pensar a primera vista que sea malo estar sobreinformados? El problema radica en que los estudios actuales demuestran que sobre todo nos informamos de publicaciones de poca calidad, que se traducen en distracción y gestión de argumentaciones mediocres, además de una pérdida de tiempo absoluta; telebasura, prensa rosa, tertulias a todo trapo… Estamos enganchados a la información, pero pocos nos paramos a leer un libro de calidad. A día de hoy nos informamos moviendo nuestro dedo pulgar arriba y abajo sobre una pantalla táctil.

Lo segundo que sí veo ya como un problema es el estar enganchado a las redes sociales, llámese Facebook, Twitter o Instagram. Una realidad virtual paralela a la vida real, 2.000 seguidores, 0 amigos. Ya están saliendo estudios donde se ve lo fácil que es adquirir seguidores o fans, los famosos llamados trolls, donde los partidos políticos han hecho un uso en demasía, porque también hay que simular ser un líder en todas las plataformas sociales y todo vale, hasta con el engaño de pago, claro está.

Proyección de un video del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont durante la asamblea general de la ANC
Proyección de un video del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont durante la asamblea general de la ANC - EFE

En política estar en las redes sociales es como dejar constancia de que estás activo. Lo que no queda reflejado en una plataforma social es como si no se hubiera realizado. Ahora también está la moda de los “selfies” de nuestros representantes desde su escaño, al más puro modelo politic fashion o influencer, con el curioso pie de foto de “trabajando por…..” o “defendiendo a…..”, todo con un buen “robado” o “posado”. Hemos alcanzado ya una gestión desmesurada de la imagen sin ofrecer ningún contenido relevante y eso también es mediocre.

Forges, que en paz descanse, hablaba de que los españoles hemos sido un país puntero en ser capaces de elegir siempre un presidente de nuestro Gobierno que no tuviera ni idea de inglés. Puigdemont nos podrá caer mejor o peor, pero muchos de nuestros “políticos de Estado” de cabecera deberían morirse de envidia de cómo se maneja el señor catalán del flequillo en idiomas. Ya si bajo el sustrato a nuestra política valenciana desconozco como se mueven en tal “trilingüismo” que con tanto ahínco defienden entre selfie y selfie en el atril de les Corts.

Un político mediocre es aquel que se mueve a base de inercias, las típicas que le han funcionado hasta ahora muy bien y eso de adaptarse a las sociedades cambiantes, pues como que no. Célebre fue la frase de Alfonso Guerra de “el que se mueve no sale en la foto”, dejando claro que la disciplina de partido prima sobre cualquier cosa. Han pasado décadas de esta máxima socialista y bien se podría atribuir a día de hoy a cualquier opción política actual, incluidos los “partidos del cambio”, que no se caracterizan por su propia democracia interna.

Ante la mediocridad pongamos unas gotitas de autenticidad, ¡por favor!

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