Del «Share» al sillón

OBDULIO JOVANÍ
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EJERCEN su apostolado en las ondas, o en el sufrido papel, poniendo y quitando rey, aunque lo hacen a los modos de Sancho Panza, cuando Don Quijote, aprovechando que su escudero estaba dormido, intentó darle los tres mil y un azotes para desencantar a su Dulcinea; despertándose, acometió contra su señor, y cuando este le recriminó tal acción le respondió: «Ni quito ni pongo rey, sino ayúdome a mí, que soy mi señor». Bien decía Oscar Wilde que «el valor de una idea no tiene nada que ver con las convicciones de quien la expone; cuando menos sincero sea su defensor, tantas más probabilidades habrá de que la idea sea puramente intelectual, pues en tal caso no refleja ni sus intereses, ni sus deseos ni sus prejuicios». Porque para algunos el fondo argumental de todo es el «share» que tantas cosas menospreciables pone en valor...

Uno de esos memos con estudios, uno más, nos ilustraba hace unos días de la «Ley de Vagos y Maleantes» como creación franquista. No saben que no saben, y así no cuentan que aquella Ley fue de la República -«la gandula» para el pueblo- que perseguía «conductas», no delitos, creando «guantánamos» para internarlos, que no cárceles; cierto que en el «franquismo» la Ley se amplió a los homosexuales, aunque a muchos se les podía ver, maquillados de ojos y pintados de labios, cantando y bailando en los tablados... Tampoco dicen nada de la Ley de Defensa de la República, paradigma de la censura «democrática».

Fue en aquella «larga noche» que tantos se complacen en oscurecer, y en la que tantos la vimos amanecer todos los días, Hasta un día madrugó antes de hora; fue una aurora boreal que hubo por el año 37, que encendió los cielos de rojo, quizás en el mayor espectáculo de la naturaleza. Aunque entonces se dijera que eran los resplandores de la guerra...

Ahora cualquiera podrá recibir su «panza de burra», que en las universidades se podrán cursar -nos anuncian- hasta 1.600 masters; muy pocos de ellos en humanidades, vade retro, que en filología al parecer solo habrá tres de ellos, con lo que Eliseu Climent tendrá serias dificultades para reclutar lenguadictos de su Movimiento de Liberación Nacional. Nada digo de sus contenidos, valga el ejemplo de Cataluña, donde se pagan millones por un estudio acerca del lado en que caen las hojas en otoño. Porque ya hay aquí un «curso de buceo» que sirve como «crédito» para la Licenciatura de Derecho. Habida cuenta del nivel cuasi escolástico alcanzado por los monigotes de Mariscal, no extrañe que haya masters sobre el nivel decibélico de la cordà de Paterna, o sobre el valor nutricional dels pastissets de moniato. Con esas bases no sorprende que «los credos políticos sean aceptados por el hombre medio no en virtud de su análisis y examen directo de su contenido, sino merced a que se convierten en frases hechas», como dijera Ortega, dado que tantos hay «de alma hueca cuya única actividad es el eco»... venga de la radio, de la tele, del papel, aspirantes los más a un sillón del Estado. De ahí la frase: «¿Quién es el masón? El que está delante en el escalafón...»