EL SEÑOR DE LOS MOSTACHOS

CORROCOCOSREMEDANDO a Quevedo, bién podríamos decir lo de «érase un hombre a un mostacho pegado»; que esa cascada pilosa le da carisma, como se lo daba a Bismarck, a Clemenceau, a Einstein o a Carlos

Por Obdulio Jovani
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REMEDANDO a Quevedo, bién podríamos decir lo de «érase un hombre a un mostacho pegado»; que esa cascada pilosa le da carisma, como se lo daba a Bismarck, a Clemenceau, a Einstein o a Carlos Marx; como se la da a Askargorta, el futbolero. Por debajo de ese fócido alar, de ese socarrén, de esa empalizada entrecana, dicta las sentencias que dicta; la última: «En Europa hay demasiados millones de ciudadanos jacobinos por civilizar». Taumaturgo, aletea en la misma bandada angelical que Eliseu Climent, quien no hace mucho anunciaba -urbi et orbi et la Geltrú- su intención de «educar a la derecha». No dijo cómo, pero se supone que enseñándole a no fregarse los mocos en la bocamanga, a no eructar en público, amén de renunciar a «ofrenar noves glòries a Espanya», claro. Dice el «ex mostacher en cap», hoy «vicepresident de l´imperi de Canaletes», que lo de «jacobinos» lo tomó de Fuster, aquel oráculo que en su precocidad lectora se adoctrinaba a diario con la lectura de «El Mensajero», aquel calendario de taco que editaban los jesuitas y con lo que se hizo «un adult abans d´hòra, un moralista», como cuenta uno de sus biógrafos, que también cuenta que en su voracidad lectora robó el «Glossari», de Xenius, de la «polsosa« biblioteca de Lo Rat Penat, cuando era secretario de juventudes; antes de pasar a ser asesor literario de FET y de las JONS en Sueca, aunque no llegara nunca a llevar el bigotito de cenefa que imprimía carácter a los militantes de azul mahón; eran los tiempos en los que hacía pintadas en la Universidad de Valencia -de la que más tarde sería santón y cátedro digitalis- como esta: «Vixquen los Furs»; así, con el «lo» en idioma antiguo, como apostilla su hagiógrafo. Claro que tocante a lo de jacobinos bien podría este Pierrot casolano -¡ah, su querencia por Perpiñán!- recordar estas palabras de Fuster: «Es desolador que no haya intelectuales marxistas dispuestos a explicar las razones y los motivos por los cuales la URSS ha entrado en Praga» Así opinaba de la invasión de Hungría. ¿Jacobino? Y así le recordaba a su amigo Palacio «quiénes son nuestros enemigos: las sucursales bancarias, los notarios, las oficinas del registro de la propiedad, los conventos, las iglesias, las residencias de la burguesía y en especial la farmacia del reaccionario boticario».

Pues el señor de las escarpias en sobremorro acaba de apostar por «una Cataluña nacional donde no se miren los orígenes de la gente, los apellidos o su lengua materna... no hay margen para el resentimiento, venganza o rencor». (Por cierto, dijo «venjança» y no «revenja» como dicen los modositos de alta cuna y baja cama que pontifican en Canal 9 y que estos días andan aplicaditos repitiendo todos al paso de la oca lo de Colom por Colón). Y dijo más, que el tripartito «no irá contra ningún país, sociedad o lengua o cultura». Lo que leen. Uno no sabe si es que se le ha taponado el canalillo de la hiel, si ha dejado de desayunar sapos y culebras o si ha leído en profundidad a Fuster y ha comprendido lo que aquel dijo: «el nacionalisme -deia sense embuts- es un anacronisme», según cita de Joan Dolç en «Nosaltres, exvalencians».

En cuanto se le pase esa fingida contrición, al modo que Al Qaeda ha anunciado la implantación del «Califato Universal», este centralista de córner transformará la Cataluña estricta en un «Ampurdanato Cósmico», ya verán. En premio, nos traerá la beatitud republicana: ¿qué queréis de merendar?