Romance de los petulantes

VIENEN todos de la izquierda, cabe el cero, desde ese flanco siniestro, vienen con esa monserga a la que llaman progreso; algunos vienen en bloque -son los «profe» de Morera- con su muleta y su

Por Obdulio Jovaní
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VIENEN todos de la izquierda, cabe el cero, desde ese flanco siniestro, vienen con esa monserga a la que llaman progreso; algunos vienen en bloque -son los «profe» de Morera- con su muleta y su estoque, vienen todos en collera, a lidiar a la derecha, a colocarse, abrir brecha, a acularse en el sillón, del pleno o de comisión; ayer famélicos, proletarios, todos de internacional alfoz, hoy ahítos, localistas, del «seny» fieles franquiciarios, ayer de martillo y hoz, con Marx i Engels de mentores, hoy de cinco tenedores, del Gala, Hola y Semana; habillados de lamé, no de percal o de pana; de algarada estrafalaria, jaranera, laicista y libertaria, okupa y asamblearia, abortista y festiva, siempre en querencia lasciva; poetas del estrambote, de pancarta y pegatina, de zancos y bote bote... con su arrogancia racial, con su carcaj bravucón, con su puño redentor, marxistas tendencia Groucho... tocó mocho... tocó mocho... retóricos del clamor apelan al SMS para tocar a rebato ¡pásalo!; al oírlo, sus convictos usan el mismo canuto y escriben la misma ó...

Otros más vienen «unidos», falderos de Gloria Marcos, que ya estuvo aquí en el ajo y dejó por el encerado; nos lanzó mil andanadas, anatemas y dicterios; supimos de sus criterios, sus axiomas, ortodoxias y evangelios, supimos de sus sofismas, fielatos y cerrazones, y otras supuestas razones; receptora de consignas que aplica a posteriori, haciendo leva y recluta de obsesos servidores, todos del mismo «allioli», de la unidad de destino, la de arriba, la de Fabra, aquel rapaz catalino.

Más allá vienen los «verdes», modernos milenaristas, flagelantes a los modos medievales, que si ayer salvaban almas, hoy salvan escarabajos, beterradas, endivias y bogavantes; sin faltar El Cabanyal, La Punta, el Desierto de las Palmas, el Botánico, el Benacantil, el ozono, la escarola rizada... y el picante perejil. De ese mismo secarral viene Izquierda Republicana, con un Rodríguez al frente-¿otro?- a ofrecernos el nirvana; también nos viene a salvar; la beatitud, o sea: ¿qué queréis de merendar?

Vienen con su tacatá, que en conchabanza han firmado un pacto para medrar, que ellos dicen «Compromís pel País Valencià»; su programa es magistral, angélico, celestial: traen «bolsillos de vidrio» presumiendo de honradeces; defienden el «territorio» -¿también el mar y sus peces?-; servicios públicos «de calidad» -¡más funcionarios más votos!- ; políticas «de igualdad» -¿como en la URSS, unos más iguales que otros?-; y sobre todo nos traen -¡eureka!- tocada con gorro frigio, ¡la dignidad!, ese pomposo artificio; ¿no les recuerda a «la Pepa», aquella Constitución que nos obligaba a ser «patriotas, justos, benéficos?»; valoremos su intención de talante tan buenista, tan pacífico y tuitivo, redentor y petulante; recordemos a esta gente que el verbo «izquierdear» es un verbo intransitivo: «obrar insensatamente».

Fuera de ese contubernio, viene una izquierda de corner, heredera de Companys, aquel dandy lechuguino, sucesora de Dencás, fascistoide y jacobino, la que ahora lidera ese Pérez solapado, engreído y revirado, charnego de cachirulo, converso de barretina, prófugo del seminario, un catalán de rebufo lenguadicto y doctrinario, cara de «pa de Pedralba», con su nariz apaisada y con su ruperta calba; y abajo, en el sobremorro, esa cortina pilosa, esa empalizada cana, un mostacho tipo morsa, tipo foca, un bigotón sobre boca por la que espuma enrabiadas, tarascadas y dicterios, sobre la derecha mala, incívica y cavernaria.

Viene como embajador de ese Reich del cagané, a constatar y a dar fe, de su «tarannà» imperial; eso sí, ya que somos como hermanos, del mismo tronco racial, nos trae de Perpiñán su pose dialogal, dándonos a elegir: cloratita o amonal.