La Ribera, un zurrón de 300.000 votos El bocado electoral del agua

Las decisiones de Narbona han venido condicionando las expectativas del PSPV. La última, variar el trazado del Júcar-Vinalopó, ha abierto un tragaluz electoral a los socialistas: se apean de Alicante pero apuntan a La Ribera. Objetivo: la Diputación de Valencia

Actualizado:

La batalla planteada en la comarca de La Ribera tiene como premio un voto potencial cercano a los 300.000. Actualmente, los populares gobiernan en 21 municipios, que suman 141.157 habitantes, mientras que los socialistas ocupan 18 alcaldías (dos de ellas en coalición con EU), que aglutinan a 115.452 personas. El resto, siete localidades, están gobernadas por grupos independientes y dos por la Entesa. La última legislatura ya se planteó como una alianza de todos los grupos de izquierda contra los populares, pero aún así no fue suficiente para arrebatarles la Diputación. Las estimaciones que ahora manejan en el PP es de ampliar su mayoría en muchos de estos municipios. La polémica del trasvase no ha afectado socialmente porque, como afirman los dirigentes provinciales del PP, «el agua del trasvase es de sobrantes, no se le quita ni una gota a nadie». Sea como sea, Alzira, Algemesí, Antella, Guadassuar, Rafelguaraf, Turís, Cullera, Sueca y Sollana serán los municipios donde la lucha será más cruenta entre PSPV y PP.

TEXTO: MANUEL CONEJ0S ILUSTRACIÓN: ANTONIO TERUEL

VALENCIA. El ajedrez político autonómico empieza a registrar un movimiento de piezas propio de un periodo preelectoral; la guerra del agua ha sido el elemento impulsor de esta prematura actividad. Las decisiones de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, han sido un continuo dolor de cabeza para la federación socialista valenciana, que ha venido cambiando con premura sus estrategias para la importante cita electoral de 2007 con demasiada frecuencia.

El último episodio (o penúltimo) ha llegado con la polémica variación de la toma de agua del aprobado, y ya en ejecución, trasvase del Júcar al Vinalopó. De Cortes de Pallás se pasa al azud de la Marquesa en Cullera, aguas abajo. La estrategia del PSOE es clara en este tema, y es que el Gobierno Zapatero sabe del coste político de su actuación en la Comunidad; y parece haber optado por fomentar la división.

Los agricultores han sido los primeros en sufrir los efectos de este «quien paga manda», y la fractura en AVA lo evidencia. Su presidente, Cristóbal Aguado, ha roto la unidad de ación del campo valenciano y ha despertado el fantasma de viejas rencillas. Claro está que ejemplos de insolidaridad le han precedido en todo el país, llegando desde los que debían ceder agua del Ebro, donde se rompe un principio de solidaridad que ahora también afecta al Tajo. Y al Júcar, una calamidad que afecta a «hermanos», como dijo Fernández Valenzuela.

A partir de esta postura, la de algún militante del PP aspirante a elevar su perfil, como José Pascual Fortea, y de algún empresario que nada entre dos aguas, el PSPV vio la luz. Lo que los socialistas consideran como un traspié en la política del PP de «estirar demasiado la cuerda» les ha animado a sacar la calculadora y apostar decididamente por presentarse en La Ribera como salvaguarda de esta próspera y poblada comarca.

Una clave está en la reforma del Estatuto, que atribuirá un mayor número de escaños a la provincia de Valencia en las Cortes Valencianas. En la actualidad, otorga 36 diputados, frente a los 30 de Alicante y los 23 de Castellón. El nuevo Estatuto prevé, al menos, diez diputados más en total, de los que seis podrían ser para Valencia, a fin de premiar el índice demográfico.

Con esta declaración de intenciones, el PSPV evidencia también su prioridad por invertir el orden de fuerzas en la Diputación de Valencia, donde se rozó el empate con el PP en la pasada legislatura, y también por obtener un buen bocado en los nuevos escaños atribuidos a la provincia.

El reverso de la moneda es peligroso para las huestes de Joan Ignasi Pla, que son conscientes de que entregarían parte del Vinalopó. Municipios como Biar, Sax, Villena, Aspe, Algueña, Elda, Monóvar, La Romana o Pinoso, que están gobernados por el PSPV, se encuentran en una situación de inusitada presión. Los alcaldes deberán acudir a las manifestaciones convocadas en defensa del trazado original porque los vecinos no entenderían otra postura (retrasar la llegada del agua cinco años no se puede justificar por la pertenencia a un partido político).

El PSPV dice tener medido este «sacrificio», pero tienen otros dos riesgos que son difícilmente controlables. El primero, admiten, es meramente climatológico, ya que la sequía se ha podido soportar en las comarcas de La Marina Alta y La Marina Baja por las nevadas en las cumbres altas que han recargado acuíferos y que han aliviado la situación de los embalses de Beniarrés, Isbert y Guadalest. Por ello, y pese a la magnífica campaña turística, las localidades de estas dos comarcas han soportado el paso del verano, pero si la sequía persiste, la presión se elevará hasta alcanzar el hastío que ya existe en Vinalopó y la Vega Baja.

Y la segunda depende de si Narbona cumple o no las exigencias del PSPV para embarcarse en esta «aventura», que es dar un carácter de urgencia a las obras del nuevo trazado, de modo que el retraso sea el mínimo posible. En Blanquerías cruzan los dedos para que cuanto antes, «ya mismo», dicen, Narbona aparezca con excavadoras y dineros para que se visualice su voluntad de hacer las cosas como prometió a Pla: a primeros de septiembre.

En el PP ven claro que la «mentira Narbona» acabará por estallar entre las manos del PSPV. Destacan que Francisco Camps ha tenido los suficientes reflejos para defender y poner en práctica que Valencia, Alicante y Castellón son lo mismo y han apostado por Alicante en contra de la ministra.Incluso, esperan hacerle «daño» al sólido alcalde de Elche, Diego Macià, que se ha sentido muy incómodo con la situación que ha creado el Gobierno. Soportar la tractorada no fue agradable.