Ferran Garrido - Una pica en Flandes

Reiterar en el error

«Hace tiempo descubrí que la vida es un camino sin fin hacia la luz de la sabiduría»

Ferran Garrido
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No es que no aprenda. No. Es que me empeño una y otra vez en equivocarme para luego reconstruir sobre mis errores el edificio que estoy levantando desde hace años. Una y otra vez.

Una vez que aprendo, no me vuelvo a equivocar, pero la inteligencia es tozuda, tiene vida propia, y decide que lo inteligente es equivocarse como método de aprendizaje. Hace tiempo descubrí que la vida es un camino sin fin hacia la luz de la sabiduría. Una senda de aprendizaje en la que, a base de aciertos y tropiezos, avanzamos hacia el conocimiento en un proceso continuo de formación de nuestra personalidad y en la construcción de nuestra vida.

Además, con el paso del tiempo he aprendido a conocerme. A estas alturas sé que no se debe, que no puedo, imponer mis tesis a los demás, ni mis objetivos. Que es mejor negociar, conversar, dialogar y, si la situación lo requiere, pactar para conseguir realizar aquello en lo que creo.

Pero sigo reiterando en el error una y otra vez. Si es por el estímulo de la equivocación, nunca aprendo. Eso sí, a estas alturas sé que se cazan más moscas con miel que con vinagre, que la violencia es el peor de los caminos posibles, que la imposición de las ideas no lleva más que a la catástrofe y que la autenticidad prima sobre la impostada pose de quien se cree mejor que los demás por el simple hecho de sentirse superior al resto de sus semejantes.

Aun así, sigo en mi equivocación permanente. Me empecino en cosas que no me llevan a ningún sitio, en gente que no me acompaña, en personas que no me aportan nada y en regalar sentimientos a cascoporro para darme de bruces con la dura realidad de que, al personal, le importa un cuerno.

Imagen tomada en el almacén electoral de Valencia
Imagen tomada en el almacén electoral de Valencia - ROBER SOLSONA

Y es que sigo creyendo en el género humano, en las personas, en la gente, a pesar, de que es cierto que tengo una cierta tendencia a ir de por libre, como a mi bola, y sin parar de generar ideas y de poner en marcha iniciativas para remover el mundo y lanzarlo hacia adelante. Y yo lo veo bien, pero se ve que la gran mayoría no lo entiende. O sea, que deben tener razón.

Cuando me planteo el inicio de un nuevo camino intento, de hecho lo hago, prevenir antes que curar. Ver venir los problemas para solucionarlos, no para evitarlos, que es lo que hace mucha gente, como si lo que no miramos para no ver no existiera o no sucediera a nuestro alrededor. Yo soy de los que me pringo hasta las cejas, me entrego sinceramente, de corazón, en cuerpo y alma con la esperanza de que las cosas vayan bien. Pero se ve que no estamos preparados, como colectivo, para que el buen rollito sea el motor de nuestras vidas en el devenir diario.

Y es curioso porque, aunque suelo definirme como un francotirador, con tendencias solitarias, necesito de la compañía, del piel a piel, del contacto físico y de la proximidad, para poner en marcha cada nueva aventura en la vida en la que me embarco, siempre con sinceridad y mucho cariño.

Reiterar en el error, una y otra vez para aprender. Por cierto, este domingo hay de nuevo elecciones. Esta vez elegimos alcaldes y eurodiputados. A ver si abrimos la mente y no cometemos los errores de siempre. Lo digo con todo el cariño y respeto. Ahí lo dejo. Hala, a votar. No se me abstengan.

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