Joaquín Guzmán - CRÍTICA

Reina absoluta del bel canto

«Biondi es la decepción de la noche. Dominar repertorios a los que se acude de vez en cuando es una tarea destinada a unos pocos»

Joaquín Guzmán
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Con el respeto y la admiración para la magnífica mezzo-soprano valenciana Silvia Tro, esta es la Lucrecia de Devia. En la función que tuve ocasión de asistir, se arrojaron papelillos de colores con fotografía de la artista italiana y con la leyenda “Reina absoluta del bel canto” en italiano, español e inglés enmedio de un ambiente enfervorizado y entregado al arte de la soprano casi septuagenaria.

Hay dos caracteríscicas que hacen de Devia una artista impresionante: la primera es el buen gusto y la segunda el control absoluto e inverosímil de su voz para aplicar la primera. Sería un hecho contra natura que sus cuerdas vocales estuvieran como las de una joven de treinta por lo que no vale la pena entrar en estas cuestiones. La técnica que despliega es tan prodigiosa que esa cuestión u otras como las dificultades en la zona grave quedan por completo arrinconadas, resultando inauditas sus prestaciones a lo largo y ancho de la velada y la prodigiosa forma a la que llegó al Era desso il figlio mio, los últimos compases de la ópera. Piensen en todo el repertorio de alardes técnicos a los que puede hacer frente una soprano belcantista y en Devia se concitan de forma inmejorable: coloratura, trinos, filados, notas mantenidas interminablemente, todo ellos con una afinación marca de la casa. La de Liguria es esa de cantante que, aunque lo que suceda a su alrededor no esté a su altura, mantiene al oyente en vilo esperando su siguiente intervención, por lo que es capaz de mantener toda una velada operística. Hay artistas que logran esa especie de expectación.

Fantástica y bravísima, Silvia Tro en su papel masculino de Maffio Orsini, que tuvo el único pero, si así podemos considerarlo, de cantar junto a Devia. Tro posee un instrumento de gran belleza que además maneja con seguridad y enorme musicalidad. Sin duda una de las mejores mezzo-sopranos belcantistas del momento que esperamos tenga muchas citas futuras en nuestra ciudad.

Gustó mucho el bajo Marko Mimica en el papel de como Alfonso d’Este, que dió buena muestra de medios con una voz que corría por la sala gracias a una magnífica proyección de esta. Sobrado de medios no flaqueó en ningún registro e incluso desarrolló una interesante gama dinámica que dio a su rol toda clase de matices. En un nivel inferior a los tres anteriores estuvo el tenor norteamericano William Davenport como Genaro, si bien tampoco puede calificase su actuación de insuficiente. Tuvo una actuación digna y profesional en lo vocal pero pobre en lo actoral. Aunque pueda dar en algún caso sensación de lo contrario, creo que dispone de medios suficientes para no pasar especiales apuros sobretodo en la zona aguda. Posee un timbre agradable y sus prestaciones se mueven en el terreno de la dignidad.

Biondi es la decepción de la noche. Dominar repertorios a los que se acude de vez en cuando es una tarea destinada a unos pocos. Al buen director italiano le hemos visto excelentes trabajos en el repertorio barroco y clásico pero en esta ocasión el resultado es poco alentador. Faltó mucha imaginación en las dinámicas y el sonido obtenido incluso desconcierta por momentos, ya que en algúna ocasión a penas se escuchaba la cuerda, lo que nunca sucedió con los metales y la percusión que sí que sonaron quizás sobrados de decibelios. El acompañamiento a los cantantes tampoco fue el mejor posible apreciándose ciertos desajustes entre el foso y el escenario. En definitiva, al menos para el que escribe, una dirección aburrida. Bien la orquesta pero poco disfrutable por lo dicho anteriormente, al igual que el coro que cumple sin brillar como en él es habitual.

La escena de Sagi tiene momentos vistosos visualmente en el segundo acto o con la maqueta de la ciudad de Ferrara, pero en términos generales es fría y distante, con tanto reflejo y espejo. La primera parte es especialmente fea. Tuve sensaciones a Déjà vu por similitudes con otras producciones ya vistas. Tampoco la dirección de actores fue especialmente llamativa. En definitiva, una escena que pasa sin pena ni gloria.

La función se saldó con un éxito clamoroso, pero me asalta la duda de hasta que punto la Devia y en cierta medida Silvia Tro sostuvieron el gran éxito de la velada.

Joaquín GuzmánJoaquín Guzmán