El «ramón llull», ese komintern

FRANCOTIRADOR, individualista, suyo. Estos términos los recoge el María Moliner como expresiones afines a «independiente». Con lo de «hacer rancho aparte», lo de «el buey suelto bien se lame», o lo de

Por Obdulio Jovaní
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FRANCOTIRADOR, individualista, suyo. Estos términos los recoge el María Moliner como expresiones afines a «independiente». Con lo de «hacer rancho aparte», lo de «el buey suelto bien se lame», o lo de «Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como». A lo que se podría añadir lo definido por Albert Boadella: «El que quiere comer aparte es que quiere comer más». Y lo que advierte el adagio valenciano: «Si cada u va per ad ell, pronte se trenca el mornell». Hay una forma más de ser independiente: no depender de la mañana, tal como se cacarea en la cabecera de El País...

Se juntan para hacerse «independentistas». Recular -verbo progresista- es lo suyo. Balcánicos, medievales, tribales. Umbral lo diría así: «Crecen hacia dentro, reinciden en lo pequeño sin hacerlo grande: la parroquia, el corral, el huerto, el argot, la diosa, la cabra, el hacha... cultivan su pequeñez, minimizan su insignificancia». Lo suyo, añado, es la mengua, la merma, el menudillo, la bomba de fragmentación. Su minimalismo ontológico, sietemesino, su nudismo mental no da más de si; mas bien da de no. Independientes, solo medran juntos. Los de aquí -Gloria Marcos, Enric Morera y demás mínimos comunes divisores- cofrades pedáneos, profetas del pretérito, acaban de ganar el jubileo, la indulgencia plenaria preelectoral, lameteando su adhesión inquebrantable al «Institut Ramón Llull», esa Internacional del Seny que reúne a todos los independentistas, a modo del Komintern bolchevique de los ¡proletarios del mundo, uníos! que mantenía la unidad de destino entre ellos. Aquí el suyo son los Païssos Catalans, ese paripé. Por cierto, decía Marx: «El derecho histórico de los grandes pueblos civilizados a desarrollarse revolucionariamente está por encima de las pugnas de esos pueblecitos raquíticos e impotentes para lograr su independencia, aun cuando en ese gran avance se marchite, pisoteada, más de una dulce florecilla nacional...».

Subieron a ofrendar su «Compromís pel País Valencià». «Per a Catalunya el País Valencià és, literalment i no sols com a metàfora geogràfica, un penjoll», escribió Joan Dolç. Así, el valenciano que llega a Barcelona o a Mataró «ajusta la seua fon_tica, esporga el l_xic i fa esforços deductius sobre el que escolta», dirá Emili Piera, llegando «a la centralitat per dalt i la depend_ncia per baix», añadirá.

En esa escalada reduccionista se persigue que España quede como un resto, como un despojo, como un rescaño, como un tocón, como un minuendo, como un ayer en un mañana escrito. Los sumisos de buche y convoluto de la Universitat de Valencia ya se alejaron de aquella quedándose a cultivar calabazas académicas en l´Horta.

Acaba de entrar en turno de réplica TV3, ese arma de imposición masiva. Ha bastado con que se hable de suprimir sus repetidores ilegales para que toda la majada siniestra haya balado a la vez reclamando un share de alfalfa y salvado a dornajo lleno. Alguien -¡un saguntino!- que ha ensoñado la Cataluña una, grande y libre que colonializa a Valencia, ha propuesto que el árabe sea lengua cooficial. Del jamón al cuscús, de Santiago a La Meca...

Según el historiador García de Cortázar, «un informe sobre envejecimiento y vivienda en Cataluña da más de seiscientos mil ancianos viviendo en edificios ruinosos, sin agua corriente ni ascensor». Mientras aquí y allá, las glorias, los enríqueses y demás onomásticos del retranqueo, siguen quejicosos por la pérdida de los fueros hace trescientos años. «A los menesterosos citados, añadirá G. de C. les costará mucho establecer una relación causal entre su miseria y el triunfo de Felipe V en la Guerra de Sucesión...». Siempre los hay, a modo de los hidalgos de gotera, que prefieren una bandera a una cena. Que para eso sirven.