¿Qué queréis de merendar?

OBDULIO JOVANÍ
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A la pregunta televisiva dirigida a chicos y chicas -¿la recuerdan?- la respuesta era entusiasta y unánime: ¡Tosta Rica y nada más! Claro que la respuesta, en el ámbito de TV3 habría sido muy otra: ¡Botifarra i no res mes!

Ahora, allá arriba, donde la tramontana -«tramuntana en l´Albufera ni cacera ni peixquera»- las consultas no son dietistas, son independentistas. Tantos años llevan excitando el instinto identitario en alevosas coacciones -«en corporalización constante de la diferencia», como dijera Umbral- que no faltan nunca paseantes por las Ramblas -morada feudal del agravio, fondo testimonial del rencor- infecciosos de mística bipolar: agravio/ queja, llorar/ mamar. Intelectuales de menudillo y casquería, con cabeza no más que para siete pescozones, «hablan y accionan con la violencia de la convicción», como escribió Josep Pla, que ofrecen siempre argumentos de muchedumbre -el adjetivo numeral por encima del sustantivo- enseñando la historia como soflama, la lengua por ley, concupiscente, la nacionalidad como lujuria, la tierra como libertad, el seny como renta... y el cagané como alegoría nacional.

Así llegan al éxtasis, a la levitación en la fe racionalista, oxímoron fraudulento. Arrancaron en Arenys de Munt y seguirán por 130 pueblos de Cataluña -¡Is not Spain!- ampliando el espectro separatista con la reivindicación de los «Països Catalans», esa utopía de nivel freático tan bajo, aunque aquí, en algunos pueblos valencianos -esos que ya llevan en su web el «. cat» identificativo y sumisón- hay quienes entonan los fervorines del «mitjà», correveidiles que aceptan vivir de reojo, de segundones, receptores de migajas de los presupuestos del Estado, especialmente los de «Escola Valenciana» donde sirven y medran los que Balbino García Félix calificaba como «filólogos que solo aportan el bagaje de sus apriorismos, sus autosuficiencias y la declaración de su absoluta y monolítica posesión de la verdad».

Sientan plaza de prodigio y humillan como los puercos, «animales de vista baja», como diría Cervantes. En Valencia se acaba de «acatar» una fonética ajena y subversiva gracias al extremismo de tantos tibios en trance de vudú academicista.

La propuesta de los convocantes -esa carcundia envalentonada- es salirse de España e integrarse en Europa. Recuerden que ya salieron una vez pasando de Olivares a Richelieu, volviendo con las orejas gachas y la pérdida de su «Catalunya Nord».

Posiblemente lleguen tarde. Europa la están descristianizando, desamortizándola, está perdiendo su identidad. El islamismo avanza. Como advirtió Gadafi, su próxima conquista no la van a hacer con alfanjes sino a través de los vientres de sus mujeres, con ayuda de Aida Álvarez, demógrafa minimal. En mi pueblo, de 2.189 habitantes, hay ya 543 extranjeros, hasta de 20 nacionalidades. En Cataluña pronto serán mayoría los marroquís. Hagan pues sus consultas -¡Freedom for Catalonia!- pero vayan encargando a Viajes Marsans sus billetes para peregrinar a La Meca, cumpliendo con el Corán. Y vayan pidiendo plaza en la Liga Árabe...