Al Qatalunia Emirat

OBDULIO JOVANÍ
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NO se sabe si lo suyo ha sido un calentón altruista, un subidón indulgente o un espontáneo punto de contrición a lo Tenorio; o si ha sido redimido de sus ínfulas posesivas, de su gen avasallador, en unos ejercicios espirituales; o simplemente si se trata de una engañosa estrategia de simulación.

Sea por hache o por be, sea por fas o por nefas, parece haber superado los mercadeos del «seny» y alcanzado la virtud bíblica de dar a cada uno lo suyo. El caso es que, al parecer, ha retirado de su vademecum verbal lo de «Païssos Catalans», dicen que por recomendación político-electoral de Enric Morera, su adelantado en Valencia. Porque de Durán i Lleida digo y doy soplo, un alma de Dios que bendice lo que bendicen los hisopos, que «no levanta la voz ni para el grito...», algo así como un beato de los que no ofenden a Dios pero lo molestan. Porque sube a la tribuna del Congreso, cual ambón laico y predica, y sermonea —abonanzado, calmón—y nos ofrece salvación a través de un pueblo elegido; que es el suyo... y otros que quiere que lo sean. Y nos dirá, y nos acusará, de no dejar ser a su pueblo lo que mienten que es, y que tanto merece: sentarse a la derecha del Padre; Montserrat arriba, claro. Pero aquí sabemos que «debades cap flare dona cabotades». Que si nos va a pedir disculpas por las ofensas de «Païssos» y «Catalans» no abandonará sus querencias rapaces, su complejo de superioridad, sus ñoñerías lingüísticas con atribuciones filológicas, exclusivas y excluyentes, que ya sabemos que si quieren imponer algo lo llevan a la escuela —campo de exterminio para inocentes— o lo pontifican a cada triquitraque en radios y televisiones, siempre en carrera para obtención de subvenciones...

A Joan Antoni Durán lo conocí en el 96 cuando vino a dar una conferencia en un ciclo organizado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo. Entonce espetó esto: «Ni por lengua, ni por cultura, ni por costumbres, ni por historia, ni por derecho, podemos hablar de España como una nación». Fue como una bomba de fragmentación territorial. Lo que pidió después se puede deducir. Tras recitar la redundante letanía de agravios, a los modos del mayo del 68 francés, fue realista: pidió lo imposible. Porque ya se sabe que cuando se bajan las utopías a ras de suelo, siempre acaban pisoteadas...

En lo que están ahora «baixant de la Font del Gat» es en el cierre de repetidores de TV3. Aquella TV es como «la Pirenaica» de Carrillo, un cacareo; paralogista y manifacera. En cuanto Eliseu Climent supo del cierre, sacó a las calles a sus adecuados, a ofrecer su prestación personal; a tanto alzado, por supuesto. Mal les sentó años atrás a los ribereños del Ebro —ese «río catalán que nace en tierras extrañas», como enseñan en sus escuelas— a quienes me consta que les repatalea el «barceloní», como le trae a mal traer al Padre Batllori, uno de su destacados lingüístas, ese «dialecto infame e infecto», según dice, elevado a lengua nacional; por eso tantos cierran TV3 diciendo: ¡com parlen aquets! Ahora, con la venta de pildoras abortivas en Cataluña, solo va a crecer la demografía en los serrallos musulmanes. Así, antes con antes veremos el nacimiento de Al Qatalunia Emirat, primero a fundar en este polígono en recalificación antes llamado España. Taifas vienen... No sé si Alá es grande. Sí sé de la pequeñez de unos cuantos escatimosos de la vecindad.