Vicente Ordaz - El Faro

¿Patrimonio Inmaterial?: Va a ser que no

«Lo ocurrido durante las pasadas Fallas ha sido consecuencia de la falta de previsión y gestión a partes iguales»

Vicente Ordaz
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Definitivamente hay que reflexionar. Las fallas no son lo que hemos vivido en la última semana, donde hay imágenes de Valencia más próximas a ciudades del tercer mundo que a lo que realmente representa. La basura se ha amontonado a toneladas, los monumentos y edificios emblemáticos han sido “cosidos” a meadas, vamos que si a los altos cargos de la UNESCO les ha dado por pasarse por Valencia estos días, cabe la posibilidad de que alguno se haya arrepentido de haber otorgado a las fallas la condición de Patrimonio Inmaterial de la humanidad, y con razón.

Pero lo mejor después de la barbarie ha sido escuchar las explicaciones de los responsables, los padres de la criatura. Pilar Soriano, responsable de la Concejalía de Gestión de Residuos Sólidos, que vaya con el nombrecito de la Delegación, se acordó desde la falta de policía, mensaje al PSPV, hasta de lo poco cívicos que fueron los visitantes, eso si, autocrítica cero. Se sabía desde hace un año que rondaría el millón de personas el número de visitantes en el fin de semana fallas, en consecuencia lo ocurrido es falta de previsión y gestión a partes iguales, si no saben…

Imagen de las tareas de limpieza tras la Cremà
Imagen de las tareas de limpieza tras la Cremà - EFE

Otra cosa, de la que también es responsable el ayuntamiento es que tipo de fiesta queremos. Si llenamos la ciudad de puestos de bocadillos, perritos, venta de quesos, asadores de carne portátiles, galletas varias o las naves espaciales que dispensan churros y buñuelos, algunas por cierto, con más efectos especiales que las películas de Spielberg y que no dudan en servirte el churro de turno con el aceite del día de la plantá del año anterior conseguimos dos cosas sin esforzarnos mucho, atraer al turismo más barato y menos rentable, al tiempo que hacemos la competencia más desleal posible a todos los bares y restaurantes que durante el año crujimos a impuestos. Igualmente, alguien tendrá que empezar a pensar algún día en regular el número de verbenas que “animan” la ciudad durante estos días. Será complicado pero no puede cada comisión fallera que le pase por ahí montar un “sarao” para ganar dinero a costa de ensuciar la ciudad y del descanso de los vecinos.

Lo que hemos vivido no son las fallas, ni las que yo conocí ni a las que la UNESCO distinguió. Llevamos cuatro años en los que nos han regulado la hora y día al que podemos ir a comprar a un centro comercial, el colegio al que debemos llevar a nuestro hijo, que tenemos que hacer si tenemos un piso vacío, o cómo y por donde puede usted circular en coche sin ofender demasiado. Por favor, regulen las fallas, que para eso les pagamos el sueldo.

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