Paradojas de la vida pública

Paradojas de la vida pública

Adrián Ballester
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CONFIESO que desde muy joven, coincidía en gran parte con el ideario del Partido Popular. No obstante, no decidí afiliarme hasta el año 2006. Algunas labores de voluntariado me ayudaron a comprobar definitivamente que darse a los demás sin pensar en uno mismo aporta buenas dosis de felicidad.

Sin embargo, en el servicio público, trabajar por los demás, es decir, por el bien común, puede ser realizable día a día.

Aunque los últimos sondeos difundidos por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ya muestran claramente la creciente preocupación de la sociedad por los políticos, mis mejores encuestas son las que hago yendo a cuatro bares de mi pueblo y hablando con las personas de la barra o que me cruzo en el camino.

Y es cierto, la imagen de los políticos actualmente no es muy buena, o por lo menos, la deseable. Pienso que generalmente, un ciudadano se preocupa mas por quien le gobierna cuando le tocan el bolsillo. Y como la «cosa» parece que no mejora, la inquietud aumenta.

El político puede hacer el bien o el mal. Lo negativo es que cuando hace el mal, repercute en el bien de muchas personas. Y el mal que se está produciendo últimamente también provoca que haya un sentimiento genérico de que los políticos «somos todos iguales».

Ante esa expresión, debo indicar que la vida pública es una imagen fiel a la sociedad actual, es decir, que ni mejor ni peor a las cosas que pasan en la vida real.

Por lo tanto, usted -ciudadano-, si no le gustan como funcionan las cosas en la actualidad , afíliese al partido político con el que más se identifique ideológicamente.Es lo mismo que me dijeron a mí hace cuatro años -por que también era crítico con la situación-, y aquí estoy.

Director general

de Juventud de la

Generalitat

VISIONES POLÍTICAS