Vicente Vera - CAMBRIDGE CIRCUS

Oxidación del dinero

«Todos los partidos sin excepción se frotan las manos ante una probable debacle del PP en las encuestas»

Vicente Vera
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La semana pasada, cuando me encontraba entre las aguas procelosas del pensamiento y la inspiración, tratando de huir de la presión de las musarañas y reclamando con avidez la presencia de las musas, y ya sentado frente al ordenador, leo una noticia que provoca en mí una reacción espontánea de tristeza y melancolía que no pude evitar. Se trataba de la noticia que comunicaba el fallecimiento del genial dibujante y gran persona Antonio Fraguas, Forges. Y desde aquel desazonado momento pareció como si viajara a bordo de la máquina del tiempo… ¿Se acuerdan de aquella inquietante película británica basada en la novela de H.G. Wells?, pero no hacia el futuro incierto y desconocido sino al tiempo pasado, al tiempo amarillo que decía otro genio de la interpretación, Fernando Fernán Gómez, que así titulaba sus memorias. De repente se agolpaban aquellos recuerdos de los años ochenta y noventa del pasado siglo cuando esperaba impaciente la lectura de los periódicos del día para deleitarme con la viñeta de Forges, esa era la primera lección de filosofía de la vida que comenzaba bien temprano cada mañana.

Y aún lo seguía haciendo hasta el mismo día de su fallecimiento cuando guardaba para mi recuerdo la última viñeta publicada en «El País» del pasado 22 de febrero. Tengo muy claro que a partir del día siguiente la lectura del periódico ya no tendría las mismas sensaciones. Echo de menos esa primera inyección de realismo y vida que nos alimentaba y nos procuraba energía suficiente para afrontar las dificultades y las alegrías que forman parte de nuestra actividad profesional y personal con los amigos y familiares. No se cuánto durará este vacío pero estoy seguro que no va a ser fácil soportar la lectura del editorial del diario y mirar de soslayo a la derecha de la página donde se insertaba la viñeta y pasar página con el pulso cimbreante. Para terminar, aún me acuerdo cuando asistimos durante el invierno de 2010 a la presentación del libro compartido con su esposa Pilar, La posguerra vista por una particular en un acto organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Petrer, y ambos nos dieron una lección de humor y sensibilidad por todas las cosas cotidianas que habían experimentado juntos. Al final del acto compramos el libro que nos firmaron también los dos, él lo hizo con su grafía característica dedicada a mi hijo Carlos, que me acompañaba en este entrañable y divertido acto.

Como se suele decir en estos casos en los que nos embarga la tristeza, la vida sigue. Y no hay verdad más real y contundente que esa misma. Volvemos a nuestros compromisos cotidianos, a las obligaciones laborales y a partir de ahora seguir mirando por esa ventana indiscreta con mayor ojo crítico. Tal y como le gustaba a Forges y por supuesto sin olvidarnos de Haití ni de Gaza ni de ninguna otra tragedia que provoque el sufrimiento y la desesperación de gentes de otras lejanas tierras del planeta.

Y por estos lares nos toca anunciar el nombramiento del nuevo presidente de la Reserva Federal de los EEUU, Jerome Powell. Continuador de la política monetaria practicada por su brillante antecesora, la economista Janet Yellen. De momento, la coyuntura económica americana sigue creciendo con vigor y haciendo músculo financiero. Es importante que sea así para resistir los embates de la volatilidad bursátil de Wall Street.

El índice del miedo (VIX) ha causado estragos durante las pasadas semanas aunque no ha llegado a crearse un cierto pánico financiero. Son sacudidas propias de los pequeños seísmos financieros provocados por el mismo capitalismo. La ya conocida como economía cíclica, y de esto saben mucho los inversores americanos.Está archidemostrado que todo lo que suceda en los EEUU nos repercutirá en Europa,y más con el precio del dinero. Ahora tendremos un aliado, el señor Luís de Guindos en el BCE.

Al hilo de esta reflexión sobre la volatilidad y las expectativas de subidas de los tipos de interés, quería recordar a un economista alemán, Silvio Gesell (1862-1930), muy conocido también en Argentina donde creó todo un imperio comercial allá por los años veinte del pasado siglo. Un estudioso de la economía monetaria que incluso el propio Keynes bebió de sus teorías sobre los tipos de interés, el crédito y la inflación.

Ilustración: CARLOS JAVIER VERA
Ilustración: CARLOS JAVIER VERA

Este Silvio Gesell tenía una teoría en la que se oponía a que los agentes económicos acaparasen grandes cantidades de dinero, era de la opinión contraria a la ortodoxia monetaria y bancaria del momento. Defendía los tipos de interés negativos y opinaba que el dinero debía de “pudrirse como las patatas y oxidarse como el hierro”. El dinero tenía que fluir por los circuitos de la inversión y la creación de empresas y de empleo. De ahí su formación fisiocrática, aquella escuela fundada por el francés François Quesnay. Hace una semana, el semanario The Economist publicaba un artículo reseñando las diferentes aportaciones a la teoría monetaria apoyándose también en otro gran economista americano, Irving Fischer. Hay un libro editado en español muy interesante para acceder al pensamiento de Gesell, El dinero tal cual es. El orden económico natural editado en 1916.

Qué podemos decir de nuestro país o como decía el maestro Forges, PAÍS... Ya lo expresé en mi anterior artículo, estamos a las puertas de unas elecciones anticipadas si no cambian las cosas entre PP y Ciudadanos, ya saben el cumplimiento de los acuerdos, los 150 puntos que dice Rivera y salvar el escollo de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. En cualquier caso, todos los partidos sin excepción se frotan las manos ante una probable debacle del PP en las encuestas. Se encuentran ya acariciando la caída del Partido Popular. Como ya es frecuente en este tipo de coyunturas de fragilidad política, se empieza a vender la piel antes de matar al oso. Solamente auguro un crescendo en las tensiones parlamentarias y en la calle con la batalla de los pensionistas que finalmente salen a la calle organizado y con unos objetivos de frenar el deterioro vergonzante del aumento de las pensiones. Cuidado con el descontrol legislativo en el Parlamento, la crisis todavía abierta en Cataluña y sin visos de solución, y no se toman decisiones para frenar este sinsentido que puede acabar mal económicamente para las empresas y el empleo, sin olvidar la repercusión a todo el territorio nacional. Parafraseando a Forges, diría aquello de no te olvides de Cataluña. Este es un país formideibol pero muy visceral. Cuidémoslo.

Termino con una doble recomendación literaria, en esta ocasión y para templar los ánimos y los fríos de este crudo invierno, dos magníficos libros de poesía. El primero, «Un asombroso invierno» de Joan Margarit y, por supuesto, lo último del poeta granadino Luis García Montero, «A puerta cerrada», para entender mejor lo que pasa a nuestro alrededor. Ambos publicados por Visor. Feliz lectura y abróchense los cinturones, se prevén turbulencias.

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