CORROCOCOS

Mas va a menos

OBDULIO JOVANÍ
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HUBO aquí una República, federal, sin moratón en bandera, que acabó en un cantonalismo anárquico, caracterizado por innumerables «algaradas en la plazuela», que cita Ortega. Miguel Hernández, vio apuntar otra España siempre en mudanza y desestero, dispersa, troceada, enfrentada y revanchista, ora en abejorreo codicioso, ora en epilepsia colectiva —en perpetuo motín de Esquilache, como dijera Eugenio d'Ors— que le llevó a su acertado diagnóstico: «una grave ficción de fronteras».

Ahora Artur Mas —que va a menos— nos va a dividir —no se olvide que divide para sumar— según los acentos, y no digo con tilde sino como modalidad fónica del lenguaje, que tanto afecta a los distintos idiomas, a las distintas regiones, incluso al habla de cada perosa. Tuve un amigo aquí en Valencia que tanto se había pateado cientos de pueblos, que distinguía a los cuneros de aquí y allá por sus dejes.

De acentos ha hablado —con acento, claro— el turiferario mayor del nacionalismo catalán advirtiendo de que en la escuela de «Catalonia is not Spain», los alumnos de castellano acaban al mismo nivel que los de Toledo o los de Valladolid; sin hablarlo con acento andaluz como los de Andalucía o con el gallego como los de Galicia, lo que ha movido a quejas por agravios al presidente Griñán o a Pepiño Blanco. Artur Mas ha pedido disculpas... pero que no se preocupe porque, a no tardar, la mayoría de los alumnos de las escuelas catalanas hablarán en castellano con acento bereber. Recuerdo que otro turiferario de baja intensidad fue el poeta de Burjassòt Vicent Andrés Estellés —tan ponderado por sus epígonos como el mejor poeta desde Ausiàs March— quien en Barcelona, en la recepción del Premi de les Lletres Catalanes, pidió perdón a los circunstantes ¡por hablar con acento valenciano! Sigue habiendo poetas de servicio. Jaime Campmany le habría igualado a Neruda, a Alberti y a Antonio Machado: «Poéticamente, qué egregios. Humanamente, qué miserables». Y sigue habiendo profesores comisarios, alumnos convictos. Y políticos como el notario saguntino Alfons López Tena, dispuesto «a reventar España» según propia declaración.

En las escuelas de allá y de acá debería ser de obligada lectura el libro «Historias ocultadas del nacionalismo catalán». Sostiene su autor, el catalán Javier Barraycoa, Vicerrector de la Universidad Abad Oliva, en más de doscientas historias del nacionalismo catalán, hábilmente ocultadas para desfigurar la verdadera historia, hasta configurar «una identidad que nada tiene que ver con la identidad de los hombres que ocuparan estas tierras durante siglos». Ayer con lo de ayer contado como no fue, hoy forzando la rueda de la fortuna hacia posiciones de imperialismo cultural, que aquí percibimos bien, sin reparar en nada. Tanto, que llegó a decir Albert Boadella que acabarán haciéndonos mear a la catalana. Que se tuvo que exiliar a Madrid...