Una investigadora del Oceanográfic realiza una espirometria a un beluga
Una investigadora del Oceanográfic realiza una espirometria a un beluga - ABC
Valencia

Nueve belugas participan «voluntariamente» en el primer estudio del mundo sobre su tolerancia al cambio climático

Científicos del Oceanogràfic miden la capacidad respiratoria de los cetáceos, que inhalan una vez cada 15 segundos

VALENCIAActualizado:

Investigadores de la Fundación Oceanogràfic de València lideran un trabajo internacional que mide por primera vez la capacidad respiratoria de las belugas, para ver si estos cetáceos podrán adaptarse al cambio climático, con la participación "voluntaria" de nueve de estos animales en tres centros oceanográficos en Valencia, Tejas (Estados Unidos) y Vancouver (Canadá).

El trabajo, publicado en la revista 'Respiratory Physiology & Neurobiology', aporta "una pieza esencial del puzle" para estimar la capacidad de adaptación de los cetáceos del Ártico a las alteraciones del ecosistema, detalla el acuario en un comunicado.

Tras meses de entrenamiento, estos mamíferos aprendieron a alternar "voluntariamente" su respiración normal con exhalaciones forzadas y en dos años se han registrado 1.884 respiraciones normales y 'chuffs'. En cada espiración, las belugas intercambian el 30% por ciento del aire en sus pulmones, entre dos y tres veces más que los humanos, e inspiran cada 10 o 15 segundos.

"Es la primera vez que disponemos de información detallada sobre la respiración de las belugas. Nos ayuda a entender su fisiología, su comportamiento en condiciones normales y, por tanto, nos permitirá detectar cuándo los animales están sometidos a condiciones de estrés o enfermos", ha explicado el primer firmante del estudio, Andreas Fahlman.

En este contexto, el investigador ha resaltado que es una "pieza esencial del puzle" para saber si las belugas pueden "invertir más energía en buscar alimento en un contexto de cambio climático".

Las belugas son cetáceos dentados adaptados a vivir en un mar helado, con un sistema de ecolocalización (un radar) muy sensible con el que encuentran respiraderos en la placa de hielo. Pueden bucear en apnea a más de 700 metros, para alimentarse sobre todo de peces, crustáceos y otros invertebrados del fondo marino. Su posición en la cadena trófica los convierte en centinelas de la salud de todo el ecosistema y, por tanto, en "indicadores" del impacto del cambio climático en la región ártica.

Buscar alimento

"Las belugas podrían ser especialmente vulnerables a alteraciones del ecosistema debidas al cambio climático, como una menor variedad de las presas o cambios en su distribución", ha sostenido Fahlman, ya que según algunos estudios, algunas poblaciones de estos cetáceos dedican "más tiempo del habitual" a buscar alimento, lo que en un contexto de "deshielo acelerado" del Ártico, las belugas estarían sometidas a una "presión creciente".

Para estimar la gravedad de la amenaza y determinar qué condiciones ambientales quedan más allá de los límites fisiológicos de estos mamíferos marinos es "crucial" entender el funcionamiento de su sistema respiratorio y cardiovascular.

Este es el primer estudio sobre función respiratoria en belugas y tiene la peculiaridad de que se lleva a cabo con animales que participan "voluntariamente" en la investigación, lo que reduce la posibilidad de que las medidas reflejen el comportamiento "estresado" del animal, en lugar del fisiológico.

A su ritmo

Los investigadores se basaron en equipos de medida de función pulmonar en humanos para desarrollar un instrumento específico para este estudio, el neumotacógrafo cilíndrico, un sello de silicona quirúrgica que se coloca sobre el espiráculo de las belugas.

Los animales fueron entrenados durante meses para respirar en este dispositivo siguiendo las indicaciones de sus cuidadores para medir el volumen y el flujo de gases inspirados y expirados durante la respiración.

En el trabajo participaron nueve belugas, tres machos y seis hembras de entre ocho y más de 35 años de edad. Dos de ellas viven en el Oceanogràfic, en Valencia; cinco en el centro SeaWorld de San Antonio, en Texas (EEUU), y dos en el Acuario de Vancouver (Canadá). "En todo momento los animales podían dejar de participar en las medidas simplemente alejándose", han asegurado los investigadores.

Casi 2.000 respiraciones

Cuando decidían participar, cada beluga se situaba con su cabeza hacia el entrenador, que colocaba el neumotacómetro sobre el espiráculo. Después, sin ningún dispositivo que lo sujetara o mantuviera en posición, el animal alternaba su respiración normal con exhalaciones forzadas, que los investigadores llaman 'chuffs', útiles para estimar la capacidad respiratoria máxima. Durante dos años, midieron 1.884 respiraciones de las nueve belugas.

El paso siguiente, en el que ya se está trabajando, es relacionar la respiración de los animales con su metabolismo. Los investigadores creen que las medidas de función pulmonar pueden convertirse en una forma no invasiva de evaluar la salud respiratoria de los cetáceos.

"Los datos obtenidos en este estudio mejorarán los modelos teóricos sobre los límites fisiológicos del buceo en mamíferos marinos y sobre el impacto de la acción humana en la supervivencia de las especies marinas; es una información muy importante para la conservación", han aseverado los autores.