No fue comedia, fue tragedia

POR: OBDULIO JOVANÍ
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EL introito de la tragedia lo escribimos, a mano airada, hace setenta años. Desde hace treinta, actores y meritorios hicimos mutis, de mano a boca; desde entonces guardo un memorial de agravios que no pregono, mientras vuelven algunos pilatos con las manos lavadas alegando una memoria que no es sino olvido depurado, una Historia que es reproche o es arenga; tienen ahora su tiempo acomodaticios, camaleones y paniaguados, una turbamulta de sofistas que fluctúan entre la infatuación y la petulancia, el aire doctoral y pretencioso, buscones y trapaceros afilando picos y espolones dialécticos con los posos y los turbios del pretérito, con los que hacen de la verdad calumnia.

Acabamos de hacerles la laudatio agradecida a los directores de los museos europeos que acogieron durante la guerra -y después devolvieron- pinturas y otras obras, del Museo del Prado y de otros; mejor que no hagamos ritual fatuo de los estertores simultáneos, de los comburentes culturales que ardieron aquí en los rogos de la ignorancia, de las rapiñas de tantos manilargos de las que no hubo retorno y devolución, no le saquemos el moho a las horas negras, las herrumbres a los días nefastos, no hagamos de la rentrée aforo y delación de culpas ajenas: ni relatores, ni consuetas, ni escenógrafos.

«Tener en mano la educación ideológica, he ahí la tarea central si queremos unir todo el partido en vista de sus grandes luchas políticas. Falto de esto, el partido no podrá cumplir ninguna de su tareas políticas». El texto no procede de la «Educación para la Ciudadanía» de Zapatero, lo tomo del «Libro Rojo» de Mao, tal para cual.

Nada produce más degradación progresiva que la memoria en boca de un político, nada tan selectivo y discriminador como la Historia en manos de un rencoroso. Unos que hurgan en las cunetas, a tanto alzado, otros en una mina, ahora osario; vuelven las culpables, tornan las víctimas. «Política, arte ramplón/ que se aprende mal y pronto/ y en la española nación/ es constante ocupación/ de algún sabio y mucho tonto. Tuvo por madre la intriga/ llamóle el favor amiga/ hiere una vez y otra halaga/y, según desune o liga/ lo mismo pega que paga». (Manuel del Palacio)

Aquí hay millones sin un quehacer, sin un quevivir, sufriendo la soledad de la pobreza, mientras unos pocos, bien arropados de bienestar, tienen su tiempo entretenido anunciándonos el apocalipsis nuclear.

Hubo antes unos agoreros que advirtieron de que los trenes de vapor sacarían la sangre por boca, nariz y oídos a los viajeros. Iban a venir hoy, ayer para el lector, redentores de Barcelona, a salvar el Cabanyal -¿qué ha sido del Carmelo?-reivindicando lo que aprenden allá arriba en las escuelas tribales: que Cataluña va de Salses a Guardamar, territorio comanche, España limítrofe.

Aunque aquí lo más preocupante es que se vaya Ferràn Adrià y se lleve su cocina manual, de maqueta y chorritón, minimal, insaciable... y tengamos que apechugar, quieras que no, con la paella, el cocido o los huevos con chorizo.

Menos mal que se va como Mac Arthur: ¡Volveré! Te esperaremos...