1812

Jueves Santo en Benidorm

Actualizado:

ESTAMOS en plena Semana Santa. La Comunidad Valenciana conmemora el día en que se instituyó la Eucaristía. Todos los rincones de nuestra región huelen a incienso, a cera derretida, y en definitiva, rezuman recogimiento y oración. Esto es un dato, le pese a quién le pese. Ninguna otra efemérides vertebra la Comunitat como la rememoración de la última cena, pasión, muerte y resurrección del Señor. En cambio, la actualidad política no se detiene ni en Semana Santa. Ahí continúa el lío monumental de Benidorm, que no es otra cosa que el reflejo local de un conflicto no resuelto.

Veamos, es evidente que desde que Camps sucedió a Zaplana al frente del PPCV, tras haberlo hecho al frente del Gobierno de la Generalitat, con la solución de continuidad que supusieron los meses de Olivas, quedaron un grupo de damnificados. Desde Valencia se actuó muchas veces con escasa mano izquierda, y muchos de los salvapatrias que se ofrecieron para arreglar la situación fueron al incendio bien pertrechados de gasolina. Poco a poco, los chicos que lo fueron de Zaplana en Alicante, han demostrado mucha más lealtad personal al líder, de la que se les supone que deberían demostrar al Partido Popular. Ahora ese grupo de galos irredentos, a lo Astérix, se han atrincherado en Benidorm, donde planean dar la batalla.

La situación es complicada, no solo se juega el futuro político de Pérez Fenoll, sino también la credibilidad del Partido Popular de Benidorm, cuya organización deja mucho que desear. No olvidemos que fue un tránsfuga de los populares, quien aupó a la alcaldía al socialista Agustín Navarro y a la mamá de la Pajín, María Teresa Iraola. Ahora, un déjà vu, Amor, una tránsfuga despechada por no haber podido colocar en la lista a todos sus amigos. Vamos como en el colegio, que si no vienen conmigo Pepito y Antoñita no te ajunto, me atufo y me voy. Creo que los ciudadanos de Benidorm no nos merecemos esto. Cuando mamá Pajín culminó el asalto al Ayuntamiento democráticamente elegido, y corrompió los resultados electorales resultantes de las elecciones de 2007, aposté con unos cuantos amigos de Benidorm que la victoria de Manuel Pérez Fenoll en las siguientes sería contundente, que la gente no votaría masivamente a un gobierno municipal basado en un tránsfuga. Ahora empiezo a prepararme para ir pagando mis apuestas.

El error fue no haber realizado un buen análisis sistémico de la situación. No haberme dado cuenta de que las perlas envenenadas de Ripoll a Camps cuando surgió lo de Gürtel, iban a tener su emplazamiento perfecto en Benidorm y además con Gema Amor. Ahora el votante de Benidorm se ve sometido a un dilema importante. Votar lo que representa Pérez Fenoll, o mantener su adhesión a los colaboradores de quién fuera su alcalde, sin duda idealizado por el paso del tiempo. Y mientras todo esto sucede y «txikitean» en las «jatetxeas», los del PP oficial, yo me voy a los oficios al Buen Pastor, como cuando iba de la mano de mi abuelo Vicente, que en Jueves Santo el olor que toca es del cirio y el incienso.