Matanzas de armenios

POR: OBDULIO JOVANÍ
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DE aquellos mentideros clásicos del chismorreo, fueran academias o ateneos, fueren casinos, fuesen barberías o tabernas, o lavaderos públicos, fuere el cantón de la plaza donde peroraban los volatineros y faranduleros de la opinión, de aquel boca a boca hemos venido a las ondas AM o FM, a las autopistas de la información, a los satélites, al e-mail, a la computadora, al escaner, al floppy o al chip, al GB, al Kb o al Mb, al pen o al pixel, al faceboock, al Twitter, al Google o a la Wikipedia, con lo que ahora todo el mundo sabe todo de todo el mundo, aunque siga teniendo más valor un analfabeto de buen sentido que un «navegador» con ínfulas de la última generación de iPod.

Estamos metidos en plena epopeya del hambre -¡algunos no tienen siquiera pan duro!- y a lo que nos dedicamos es a tertuliar. Superado lo de las «conferencias», ahora o das una tertulia o te la dan; y ya se sabe, tópicos, letanías y credos. Habrá que alargar las vacaciones parlamentarias hasta tanto no tengamos resuelto qué es y qué no es una nación. La nación es lo que importa. Y nada de dilucidar el sexo de los ángeles, que para eso ya está Bibiana Aido.

Asombra oír la certidumbre -esa parálisis mental-con que tantos cuentan lo que ocurrió, que no ocurrió como lo cuentan, y a veces ni siquiera ocurrió. Para ello les sirve un guisote ideológico, un refrito de máximas... que tantas veces les lleva a la refutación teórica de lo que defienden, que al cabo para ellos no hay más valor que el ecológico. Y lo que oyen por un pinganillo. ¿Tienen miedo a oír cantar a los pájaros?, se pregunta Konrad Lorenz, Nobel de Medicina, denunciante de «la superficialidad generalizada del sentimiento...»; y se sigue preguntando ¿por qué prefieren muchas personas con auténticas pretensiones intelectuales la publicidad televisiva -verdadero emoliente del cerebro- a la propia compañía? Sin duda -se responde él mismo- solo porque les ayuda a arrinconar su propia reflexión...

Anda la gazuza en apremios, el paro en urgencias, anda el ten con ten en plena refriega y las partes contendientes se niegan a pactar. Deberíamos quizás encerrarles en La Zarzuela y que repitieran allí los pactos de La Moncloa. Y cabe pedirle a Bono que modifiquen el reglamento de las Cortes obligando a los diputados de todos los partidos a sentarse en la gallera por orden alfabético, culo con culo, por ver si se les acaban los reconcomios...

Tradicionalmente las beatas de toca negra y camafeo, de celosía de confesionario, han rezado siempre por la salvación del Papa. Ahora han proliferado tanto los salvadores de todo que todo está en trámite de salvación, si no eterna, sí a pie de calle. Un diputado de aquí -antes del Bloc, ahora no sé si sigue en ese bunker o ha hecho mudanza, cosa tan frecuente- ha propuesto la salvación de los armenios, que dice que los turcos hicieron con ellos una escabechina allá por los principios del siglo XX. Lejos nos lo fía ¿No querrá salvar su escaño? Realmente los hay que hacen todo por acularse.