Fernando Llopis - El último liberal

Mata y el carné de «buen» valenciano

«El diputado y sus compañeros socialistas, populares y de Compromís se rasgan las vestiduras por algo que tiene tan poca incidencia como lo de persona non grata»

Fernando Llopis
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Los primeros quince minutos de la película “La vida de los otros” son de imprescindible visión. Permiten conocer algunos de los aspectos de la vida de las personas bajo los, añorados sorprendentemente por algunos, regímenes totalitarios. La película se centra en las andanzas del capitán Gerald Wiesler en los años anteriores a la caída del muro de Berlín. Wiesler era un capitán de la Stasi, policía comunista de la República “Democrática” del Alemania y tenía el poder de decidir quién era o no, un buen alemán comunista. En el otro lado, los ciudadanos no tenían ni el derecho a quejarse de haber sido detenidos de forma injusta, ya que serían malos alemanes, al poner en duda a la policía del gobierno.

Afortunadamente muchos de estos regímenes se desplomaron con el muro de Berlín, pero la costumbre de etiquetar como buen o mal ciudadano ha permanecido hasta nuestros días, sobre todo vinculada al nacionalismo. Los partidos nacionalistas han tenido la virtud de conseguir, por ejemplo, que se pusiera en duda que se pueda ser un buen vasco o catalán no nacionalista, vinculando el territorio a unos partidos en concreto. Mientras los dos partidos mayoritarios, Popular y Socialista, miraban hacia otro lado, el mensaje iba calando en la sociedad. Así, llegamos a nuestros días en los que algunos tienen la sensación, como el capitán Gerard Wiesler, de poder etiquetar a las personas en función de su criterio y superioridad moral. Una de las formas es, por ejemplo, declarándolas “non gratas” por una ciudad en la que tuvieras la mayoría suficiente de concejales. Ser declarado persona non grata no tiene ninguna consecuencia jurídica, a pesar de quien lo pronuncie o apruebe sea una Administración Pública, pero se ha convertido en una forma pintoresca y absurda de mostrar un rechazo a una persona.

Parecía que esta epidemia no había llegado a nuestra Comunidad, salvo en algún caso pintoresco, pero como la peste, al final todo llega. Esta semana, el diputado socialista Manuel Mata ha dicho que los diputados de Ciudadanos, Toni Cantó y Albert Rivera deberían ser declarados personas non gratas en la Comunidad Valenciana por haberse abstenido en la tramitación de la modificación del Estatuto Valenciano. La modificación en cuestión pretendía reivindicar de forma testimonial que la financiación autonómica se calculase por la población. Podía parecer interesante, pero esta petición lleva siete años paralizada por ser inaplicable e inviable, entre otras cosas porque cada Comunidad está intentando lo mismo utilizando los parámetros que más le conviene. Así, mientras Mata y sus compañeros socialistas, populares, y de Compromís se rasgan las vestiduras por algo que tiene tan poca incidencia como lo de persona non grata, se han abstenido durante mucho tiempo de realizar propuestas en los órganos que sí que tienen decisión en los asuntos de la financiación autonómica. Resultado, en cada legislatura la Comunidad Valenciana era cada vez más perjudicada mientras los partidos citados se dedicaban a apoyar el cupo vasco.

Pero en cualquiera de los casos, cada partido puede tomar el posicionamiento que considere más razonable en estas cuestiones y los ciudadanos se lo recompensarán o harán pagar en las próximas elecciones. Quizás el miedo del diputado Mata venga por aquí, las elecciones están a la vuelta de la esquina y las cosas no parecen pintar demasiado bien para el Botànic. Así que se lanzan estas escenificaciones tratando de restar credibilidad a tus rivales. Yo por mi parte, prefiero centrarme en lo importante, por ejemplo, podría proponer quitar el carné de valenciano a los diputados socialistas y de Podemos empeñados en acabar con el trasvase Tajo-Segura mientras incrementan el coste del agua desalada para los agricultores alicantinos. Pero no lo voy a hacer, no creo que sea razonable, bueno, y tampoco tengo la superioridad moral de la izquierda nacionalista que te permite otorgar o quitar carnés de buen valenciano.

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