DESDE EL SUR

The end

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A Ripoll le ha ocurrido lo mismo que a los indignados del 15-M, que de la noche a la mañana han pasado de héroes a villanos. El amortizado presidente de la Diputación de Alicante se ha convertido en la pieza más codiciada de un PP que ha sabido finalmente esperar con paciencia para tomarse la venganza en plato frío. No seré yo quien haga leña del árbol caído, a pesar de que el futuro del señor Ripoll y de sus fieles acólitos no pintaba nada bien al precipitarse una serie de acontecimientos que les han dejado fuera de juego. Me refiero a la aplastante victoria electoral del PP en la Comunidad Valenciana, con un Francisco Camps más fuerte que nunca y con un poder casi absoluto para hacer y deshacer a su antojo. Si a esto le sumamos las increíbles derrotas—especialmente duras en Benidorm y Orihuela— en los feudos en donde el señor Ripoll ha querido ser el niño en el bautizo, el cura en la boda y el difunto en el entierro, tenemos el cóctel perfecto para que el primer trago sea mortal de necesidad. Ni que decir tiene que en el Ayuntamiento de Alicante Sonia Castedo se quita un gran peso de encima y se despejan los nubarrones que antes del 22-M podían haber dejado fuertes tormentas. Ahora toca analizar la situación y llamar al orden, uno por uno, a todos sus fontaneros de plantilla para comprobar si el aire ripollista les ha abandonado o, por el contrario, se les ha quedado incrustado dentro de la piel. El orden institucional parece haber llegado al PP de la Comunidad Valenciana. La sensación de tranquilidad y sosiego debe regir a partir de ahora a un partido que debe continuar, sin más sobresaltos, ejerciendo su labor de gobierno en pro de los ciudadanos que han decidió por mayoría absoluta que les representen para salir de esta crisis económica, política y social que nos está tocando vivir.