Marcas fantasma y fantasmas con marca

Marcas fantasma y fantasmas con marca

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VERLAS VENIR

INTENTAR ponerse en contacto con Valencia Experience es tan poco posible como ir a veranear a Chiquitistán. Efectivamente, ni lo uno ni lo otro existen. Pero mientras Chiquitistán nunca pasó de ser un país imaginario inventado por un humorista, Valencia Experience es, a día de hoy aunque parece que por poco tiempo, la marca que lucen en el pecho los jugadores del Valencia cada domingo en los campos de la primera división del fútbol español.

Esta semana hemos conocido que los trabajadores de Laterne, la empresa relacionada a través de su dueño con la marca Valencia Experience, han demandado a la sociedad después de cuatro meses sin cobrar. Probablemente la causa de su insolvencia se encuentra en la solidez de su economía, que debe ser la misma que la de la marca inventada y que no tiene actividad alguna que la respalde. Y es que, en definitiva, se trata de una marca fantasma.

Lo más curioso de este asunto es cómo ha sido posible que una enseña que no tiene contenido alguno que la respalde llegue a la pechera de las camisetas de los jugadores del Valencia. Cómo la anterior directiva de este club -que pretende ser y es de hecho uno de los grandes del fútbol europeo- pudo aceptar publicitar algo que no existe, que en el mejor de los casos era un futurible.

-¿Usted qué anuncia?

-Yo, Valencia Experience.

-¿Y eso qué es?

-Pues la verdad es que no lo sé.

-¿Y cuánto le pagan por anunciarlo?

-Me dijeron que me iban a dar seis millones, pero no me han dado nada.

La cosa se va aclarando.

-Ah, ¿pero yo no trabajaba para Lois?

-Bueno... de alguna forma... sí... en fin, no es sencillo de explicar.

-No se preocupe, tengo tiempo, estoy en el paro.

-Bueno... usted trabajaba para una sociedad que hacía pantalones de la marca Lois.

-¿Y?

-Pues que la marca Lois no era de la empresa, era de los dueños de la empresa.

-Pues no me parece bien. ¿Dónde atienden los de Lois?

-Es que están radicados en un paraíso fiscal.

-¿En dónde?

Los miles de trabajadores que han dedicado su vida a la marca Lois en la Comunitat Valenciana durante los últimos 46 años han descubierto ahora, cuando van a tirar al paro a los 400 últimos que quedaban en la compañía, que la empresa nunca responderá de sus obligaciones ante ellos con el valor de su propia marca. Probablemente con lo único que queda en la compañía que tiene un cierto valor, después de una larga retahíla de expedientes de regulación y ventas de activos hasta llegar al actual momento en el que los propietarios de la firma han pedido su liquidación. Es una forma como cualquier otra de hacer que la histórica Lois se convierta también en una marca fantasma.

No sé si hay algo genético en este asunto ya que los accionistas de Sáez Merino y propietarios de Lois son familia directa del inventor y también propietario de Valencia Experience. De hecho, en tiempos anteriores compartieron el negocio de los pantalones vaqueros y de la moda en general.

Lo que sí está claro es que son indignos sucesores todos de Emilio Aragón, que en los albores de la televisión privada en España y de la mano de las Mama Chicho inventó una tonadilla, la del Cacao Maravillao, que popularizó un producto que no existía. Lo elevó al éxito al punto que era reclamado por los consumidores en los supermercados y empresas de cacao lanzaron interesantes ofertas -que fueron desestimadas por Emilio Aragón- por utilizar la marca para comercializar nuevas líneas de productos.

Indignos sucesores, porque el juego divertido de Aragón tiene tonos de comedia de mal gusto en el caso de Valencia Experience y de tragedia en el Lois. Una realidad desagradable en ambos casos que solo nos puede llevar a la reflexión de que los responsables de que estas marcas sean fantasmas son, en realidad, unos fantasmas con marca y sería mucho mejor que vivieran en Chiquitistán.

Juan

Zumalde