Una manifestación para que todo siga igual de mal

Una manifestación para que todo siga igual de mal

Actualizado:

DICEN que hoy acudirán diez mil valencianos a Madrid a manifestarse contra la crisis. Si al final suman medio millón mucho mejor, porque está muy bien eso de abroncar a la crisis. El problema es saber a quién le piden los sindicatos que solucione este asunto de la crisis. ¿ A Zapatero? ¿A Camps, Aguirre, Montilla o al lendakari? ¿Al 98 por ciento de las PYMES que forman el tejido empresarial español?¿A José Vicente González (CEV)? ¿A Rafael Martínez Berna (Coepa)? ¿A Ferrando (CIERVAL)? ¿Y por qué no a Paco Molina (Comisiones Obreras) y a Conrado Hernández (UGT)?

Mal lo tenemos si una parte importante del capital que conforma la economía se manifiesta para culpar a los demás de las maldades del mundo. El cambio a un modelo económico diferente (sostenible le llaman ahora ¡Ja! ) implica necesariamente un nuevo sistema productivo, y eso no quiere decir despido barato ni reducción de plantillas. Quiere decir trabajar más y mejor por menos coste.

Aunque Alemania o Francia salgan antes de la crisis no nos van a comprar, porque nuestros productos son a fecha de hoy peores y más caros que los fabricados en otros mercados. Si no somos competitivos no vendemos. Y si no vendemos, no fabricamos y aumenta el paro. ¿Quieren saber eso los manifestantes? ¿Y lo asume el gobierno autonómico con Vicente Rambla de titular y Bruno Broseta de sumo sacerdote?

El ladrillo ha creado una embolia en la industria y los servicios de la Comunidad Valenciana que desde la cumbre empresarial de Peñíscola en el 2005 han caído más de ocho puntos en el PIB. Los sectores tradicionales valencianos dejaron de ser competitivos hace tiempo, solo que entre la construcción, la inmigración y los fondos Feder la realidad quedó oculta hace más de diez años.

¿Alguien piensa que el turismo tradicional va bien porque el pasado puente hubo una ocupación del cien por cien? ¿Cuántos años tardará en pagarse el hotel Bali o el complejo Marina d´Or a cincuenta euros la noche en agosto y los puentes? Para cobrar a doscientos euros hay que ofrecer algo más que sol, playa, pipas y pizza. Valor añadido para ser competitivos.

La cerámica española es menos competitiva que la de Francia, Italia y Alemania. El juguete por debajo de Austria, Italia, Alemania y el Reino Unido. Y el calzado igual. Un trabajador textil valenciano aporta 29.000 de valor añadido al año, según el informe que hizo público la CEV, mientras su colega alemán o francés supera los 45.000 al año. ¿Por qué no hay manifestaciones por la competitividad? Aquí mejorar la competencia se entiende por cerrar las fronteras a los productos extranjeros.

Por eso en estos sectores tradicionales de la industria valenciana la tasa de penetración exterior supera en más de diez puntos de media la producción propia. Incluso en lo nuestro compiten con nosotros en nuestro propio terreno y nos sacan ventaja. No somos competitivos.

Lo malo es que eso no está en las pancartas de hoy en Madrid. Porque para competir hay que formarse (41 por ciento de parados menores de 35 años no tienen formación profesional) y asumir que el cambio de modelo económico empieza por un cambio en el sistema productivo. Mejor pasarse a la economía sumergida donde no se miden los costes, la calidad, ni la producción.