Mañana vienen a redimirnos

Van a venir de las Ramblas -morada feudal del agravio, feudo testimonial del rencor- vienen mañana, como quien baja al patio de su casa, que aunque aquí es día quebrado, allá arriba es día de cutio

OBDULIO JOVANI
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Van a venir de las Ramblas -morada feudal del agravio, feudo testimonial del rencor- vienen mañana, como quien baja al patio de su casa, que aunque aquí es día quebrado, allá arriba es día de cutio, aunque los redentores que vienen -«nois i noies»- vienen a servir, que ese es su oficio, que para eso les han amodorrado en una vergonzante, redundante y repugnante selectividad doctrinal; carcundia envalentonada, algarada levantisca de mística bipolar: agravio/queja, llorar/mamar; traen «la lengua resentida de hostilidad, la corporalización de la diferencia», dirá Umbral, vienen y van allá a donde van con la monserga de la unidad, con arrogancia racial, con su carcaj bravucón y su retórica huera de clamor; herederos de Companys, aquel dandy lechuguino, ahora los acaudilla un charnego de cachirulo converso a la barretina, un catalán de rebufo que nos trajo de Perpiñán un hecho diferencial: cloratita o amonal.

«El Socialista» órgano del PSOE, escribía el 4 de agosto de 1931: «Por lo visto, la ética política de ese organismo anacrónico y patriarcal de la Generalitat no se para en escrúpulos legales, y su vasta conciencia le permite sin empacho ser juez y parte interesada en el divertido juego de su nacionalismo vergonzante». Ahora son socios y van en collera esperando a la República del moratón...

Sorprende porque la historia de Cataluña es la historia de una tierra de «Condados». ¡Hasta el héroe Casanova, el del 11 de Septiembre, era conde de Moyá!; y aún van con instrumentos medievales de tortura, la soga y la tea -el reo lo tienen ya elegido- que por algo les viene de largo ese tic justiciero; ya dijo Ildefonso Falcones, el de «La catedral del mar», que 92 años antes de que los Reyes Católicos crearan la Inquisición y expulsaran a los judíos, en Barcelona ya habían quemado la judería...

Aquí les esperarán -vayan ollas, vengan días- sabihondos, lenguadictos y demás correveidiles del despotismo ilustrado; y escuderos, rodrigones, lazarillos y validos, maritornes, muñidores, meninos y celestinas, mamporreros, aguadores, mamoncillos, secuaces de la «mongeta», detractores del «fesòl».

Nos van a rebautizar para salvarnos. Pero no alcanzaremos el cielo -se sube por el Montseny- si no seguimos estas instrucciones:

-Inmersar el «barceloní» en la escuela, en el recreo y enseñándoselo a la cotorra.

-Rematricular el coche, la moto, la barca, la cortadora de césped y la maquinilla de afeitar, eliminando la «E» invasora y centralista.

-Rotular todo en la lengua del «seny», incluso deletreando las siglas. Ejemplo: W. C. Water Catalán.

-Entronizar en el salón de casa la alegoría nacional: el «cagané».

-Escuchar solo música de Cobla, los trémulos de Serrat y los gritos de ese señor que dijo venir de un silencio para que dijéramos que no.

-Peregrinar a Montserrat al menos una vez en la vida. Y otra a Perpiñán.

-Bailar solo sardanas, especialmente La Santa Espina que escribió un andaluz aceitunero de Jaén.

-De comer, «escalivada, amanida, escudella i carn d´olla, mongetes amb botifarra». La salsa, «romescu», el agua de la «Font del Gat». Al final, todos en pie, entonar el himno del Barça, acabando con un Visca Catalunya y un Canya a Espanya. Brindar siempre con cava de vinagre.

-Lecturas: «Patufet i Marieta». Los más ilustrados el «Tirant la qual cosa Blanc».

-En casa que no falte un «Danete».

-Las «pelas» a «la Caixa». -Y a ver si acabamos de una vez por todas la Sagrada Familia... cachis en la mar!