Alberto Caparrós - Crónicas sabáticas

Lección del valencianismo en la Copa del centenario

«El del árbitro fue el único pitido que se escuchó con nitidez en el estadio»

Alberto Caparrós
VALENCIAActualizado:

«A soñar, porque a veces, los sueños se hacen realidad. Amunt». El capitán del Valencia Club de Fútbol, Dani Parejo, parecía intuir la noche antes de la final de la Copa de Su Majestad el Rey que la fecha del 25 de mayo de 2019 iba a pasar la historia del club de Mestalla en el año de su centenario.

La afición del Valencia, con un comportamiento mayoritariamente ejemplar tanto en las calles de Sevilla como en la grada del Benito Villamarín, ya había marcado el primer gol antes de que Undiano Mallenco diera por iniciada la final.

El del árbitro fue el único pitido que se escuchó con nitidez en el estadio. Los de parte de la grada barcelonista al Himno Nacional quedaron silenciados por los cánticos de la hinchada blanquinegra, que ofreció un manual práctico de cómo es posible compartir el orgullo de ser valencianos con el de ser españoles. Y eso se vio en los cerca de cien países en los que la final de la Copa del Rey se emitió en directo. Una lección de convivencia, una más, del valencianismo, capaz de entonar con la misma estima su Himno regional que el «Viva España».

Imagen de Dani Parejo alzando la Copa ante Su Majestad el Rey
Imagen de Dani Parejo alzando la Copa ante Su Majestad el Rey - REUTERS

La icónica imagen de un chico de Coslada con el brazalete de la Señera alzando con orgullo y respeto el trofeo a manos de Su Majestad Felipe VI resume el sentir mayoritario del valencianismo en particular y de la mayoría de la sociedad valenciana en general.

Ya con el balón en juego, el equipo aplicó a la perfección el plan diseñado por Marcelino. Orden defensivo, bloque medio, dirección de Parejo y salidas a la contra. En estas, un gato de Almenara se hizo gigante en la portería del fondo de la afición del Valencia. Con sus paradas, Jaume evitó que Messi acortara distancias antes del descanso.

Imagen de Jaume subido al larguero
Imagen de Jaume subido al larguero- REUTERS

Con una ventaja de dos goles, el conjunto de Marcelino resumió en los segundos 45 minutos la esencia de los cien años de fútbol que contemplan al Valencia. Messi estrechó el marcador, pero los valencianistas, espoleados por su afición, se agarraron a la Copa con la fuerza que otorga sentirse cerca de ser leyenda. Como en 1954, el Valencia se imponía al Barcelona.

Parejo levantó la Copa emulando a Monzó. Y al igual que Quique, Jaume se subió al larguero de la portería para entrar en la historia del club y recrear una imagen que, como dice el himno del Valencia, simboliza que «les glòries arrivaren i en competéncia continuaran».

Esta tarde, a las cinco y veinte, los jugadores aterrizarán en el aeropuerto de Manises y se dirigirán al viejo Mestalla para celebrar un nuevo logro con su afición. Ya para el lunes están previstas las visitas a las instituciones y la ofrenda, mal que les pese a algunos, a la Virgen de los Desamparados, patrona de los valencianos. Amunt.

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