Vicente Vera - Cambridge Circus

Keynes vs Kubrick

«El objetivo de Sánchez y socios es estirar el chicle con argucias clientelares para su continuidad en el poder y como Secretario de Estado la del ilustrísimo Pablo Iglesias»

Vicente Vera
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Como economista y lector apasionado de nuestra Historia Económica, tanto de España como Internacional, y ante los sucesos políticos y económicos recientes sobre el acuerdo político para sacar adelante los Presupuestos Generales para el año 2019 entre PSOE y Podemos, las musas me han azuzado mi archivo histórico y recuerdo dos hitos trascendentales en la historia económica española contemporánea. El primero fue aquel Plan de Estabilización Económica de julio de 1959 y protagonizado por uno de los economistas legendarios de nuestro entorno, Joan Sardá Dexeus, ideólogo y coordinador de este plan económico que nos alejaría definitivamente de la dura autarquía económica y del aislacionismo político. Un plan que impulsó a nuestro país hacia el progreso y crecimiento económico. Un segundo hito, este más cercano a nuestros días -y que últimamente tanto se está denostando por determinadas fuerzas políticas caracterizados por su radicalismo y frentismo político-, me estoy refiriendo a los Pactos de la Moncloa del año 1977, liderado por el sagaz economista y catedrático de Hacienda Pública Enrique Fuentes Quintana. Acuerdos económicos que firmaron todas las fuerzas políticas del arco parlamentario de aquellos años de la Transición, y que por cierto se acaban de cumplir los cuarenta años de su firma. El conjunto de medidas económicas implantadas contribuyó a sanear la elevada tasa de inflación, las cuentas públicas deficitarias, las importaciones del petróleo y a reducir la tasa de paro de dos dígitos ya en aquel año 1977.

Antes de seguir con mi argumentación sí me gustaría sugerir a los lectores más jóvenes que trataran de hacerse con algún manual de Historia Económica o incluso algunos textos publicados por el Banco de España donde se analizan con brillantez cada uno de estos periodos aquí citados y que fueron tan fructíferos para la sociedad en su conjunto. Entiendo perfectamente que no es el mismo contexto en el que estamos viviendo durante estos convulsos días la tediosa actividad parlamentaria en la que el país no avanza, más bien retrocede en grados de libertad. Ahora lo que predomina es la organización de una campaña electoral permanente. Todo es política preparatoria para unas próximas elecciones que no sabemos cuándo ni de qué manera. Si sabemos que el objetivo de Sánchez y sus compañeros de viaje, socios y aliados, no es otro que estirar el chicle con argucias clientelares que hagan viable una continuidad en el poder de Sánchez y como Secretario de Estado al ilustrísimo Pablo Iglesias. Para ello les sale a cuenta estimular la economía con políticas de gasto público que no se fundamentan en la realidad económica de España. Todavía estamos saliendo de una política de fuertes ajustes en Sanidad y Educación cuando, de repente, organizan unos presupuestos que en absoluto suponen una salida gradual de la crisis financiera. Esta estrategia es la más fácil pero la más arriesgada; considera el Gobierno de Sánchez y aliados que ahora lo más inmediato y mediático es adoptar políticas de gasto social sin reflexionar sobre la posibilidad de gasto. Si al final ganasen las elecciones y gobernaran en 2020 ya habrá tiempo para corregir desviaciones o bien será la propia Comisión Europea quien obligue a adoptar políticas de mayor ajuste fiscal. La ecuación keynesiana no solo se fundamenta en mayor gasto público. Es igualmente importante el consumo y la inversión. Y esta variable, la inversión privada nacional e internacional, es la que habría que fomentar, estimular y proteger: generar riqueza y puestos de trabajo para seguir creciendo y no aumentar la presión fiscal de la mayoría de empresas y familias. No podemos olvidar que somos una economía frágil. La deuda, en todas sus vertientes, no cesa de incrementarse. Y no creo que estos politicastros hayan pensado en este lado oscuro de la economía. Mi opinión personal respecto a esta controvertida situación es convocar unas elecciones generales cuanto antes mejor. De modo que un Gobierno de mayoría parlamentaria o bien un gobierno de coalición fuera capaz de afrontar con respaldo mayoritario las reformas y planificar con base científica el futuro económico de España, pero con el máximo rigor económico. Es obvio que es necesario un aumento del salario mínimo, que suban las pensiones, que se conceda seguro de paro para aquellos que se encuentren en situación de desempleo prolongado y con edad superior a 51 años. Sin prisa pero sin pausa. Debemos presentar un presupuesto transparente que no deje rastros de información financiera debajo de las alfombras. Lo pagaremos muy caro si no se actúa con responsabilidad y no con visión cortoplacista y pensando solamente en renovar el cargo político que tanto les gusta ostentar.

Además de haber señalado mis reflexiones sobre esta ardua situación global en la que nos encontramos atrapados y nos sentimos preocupados por nuestro futuro y el de nuestros jóvenes, tengo que expresar, por algunas de las cosas que nos hacen palpar, la felicidad intelectual que gozan algunas personalidades que nos han visitado recientemente y que se han paseado por nuestro país. He disfrutado con la presencia en España del director americano Martin Scorsese. Lo vimos en Oviedo en plenitud de facultades y ya pensando en su próxima película a estrenar, The Irishman, con su Sancho Panza Robert de Niro. Toda una fiesta del cine con un discurso emocionante en el que hizo un brillante y sensible panegírico del cine, de las películas vistas en las salas de cine, pidiendo a gritos que continuara ese rito de ir al cine con amigos juntos a celebrar esa ceremonia de la pantalla grande. Y así es como estamos disfrutando también en Barcelona con una exposición retrospectiva que redescubre al mítico cineasta Stanley Kubrick. Y es que el cine de verdad nos ha dado siempre las claves que necesitamos para poder entender la evolución de la especie, la filosofía del hombre a lo largo de toda su existencia, “el poder y el deseo, la violencia y la guerra”. Incluso era pesimista en cuanto al comportamiento de los hombres en la sociedad contemporánea. Posiblemente la realidad supere a la ficción en nuestro caso particular y podría ser, al menos como hipótesis, que Pedro y Pablo no son conscientes del riesgo político y económico al que están conduciendo al país. Y mi amigo Maynard Keynes no tendrá la culpa.

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