El tal Joan Puig

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A Paco Umbral le gustaba provocar para que cuando no se hablase de él, se hablase de sus libros. A Cela le encadilaba hacerlo asido de una escultural choferesa mulata sin sujetador. Fernán Gómez fue un experto en esculpir su provocación con excesos de soberbia y mala educación. Pero acumulaban méritos para permitírselo. La ministra Álvarez, antes partía que doblá, desconcha de fatua e impertinente las manitas de pintura que Moncloa se aplica en la fachada, cada día con mayor desdén por cierto, para aparentar que Zapatero se preocupa por algo. Nuestra Bardem de España, licenciada en protestas ocasionales, ciega a tiempo parcial y sorda según de quién hayan de llegar las explicaciones -como la Justicia, pero en sectario- sólo rezuma arte cuando provoca. Lo del cine es pura afición para los muchos ratos libres que regala la rutina del pedigüeño. Pura afición, como la de Putin por la caza con tanque. Nadie se engañe. No provocan como un ejercicio de autoafirmación, ni siquiera como un divertimento para exhibir sus méritos con estrambote, envueltos en bufandas blancas o banderas republicanas sobre un ataúd de tango y taberna, o para ganar millones migados en fabes con chorizo. Provocan porque ninguna otra cosa saben hacer. Y del «candelabro», que se apee la abuela, que ya renquea.

Al caso. El Tal Joan Puig. Pagó el aburguesamiento de su escaño madrileño de ERC tan caro como su afición a las extravagancias sin sentido del pudor y sin medida del recato. Hoy, acogido en Blanes, el pueblo medita ornamentar su plaza mayor con una estampa del Atleta, así, sin colgajos ni michelines. En bronce, sin escatimar en fastos, que son para el héroe. Siendo concejal, La Joyita no tendrá problemas. Homenajes, fuegos artificiales, butifarra y unas palabritas... si no le embarga la emoción. En Blanes no pasa el tiempo, y menos aún vuela. La única explicación plausible para sus sandeces es que el Adonis de Blanes se aburra sobremanera; que haya notado en el buche el trecho que separa su adormedera del Congreso de las siestas resacosas en el Ayuntamiento. Es lo que tiene el tiempo, que da para los esfuerzos intelectuales. Y de tanto apretar sentado a la escupidera de su blog, la arruina defecando boñigos de provocación.

El golpe fue duro. Pasó de ser un cordial diputado bisagra, un socio de referencia para el new order del new one, a rencoroso concejal de raso y espantajo en Blanes. Es para trastornar a cualquiera.

Pasó del apacible desayuno de diseño urban al pan payés con tomate en la atonía de Blanes. Ya no retrata la acreditación de ilustre señoría entre la rugosidad de sus michelines, y nadie le llama, le ve o le oye. ¿Solución? Provocar en la red. Del tirón al blog: que si los extremeños son unos muertos de hambre, que si Gasol o Nadal fingen su amor a España y les interesa más la pela que la patria, que si Cataluña es como la Samoa Americana, como Aruba... Pero antes del retorno al anodino Blanes, el jamón de bellota, curado por los muertos de hambre, pero jamón urban a fin de cuentas, bajaba de gloria por el gaznate de su señoría.

La diferencia, Adonis, es que los extremeños, como hacían Umbral, Cela, Fernán Gómez o tantos otros, presumen de la dignidad de la que El Tal Puig carece. No es lo mismo que Gasol se abrace a Cobe Bryant en una final olímpica ante dos mil millones de espectadores que Adonis Puig, La Joyita del independentismo garrulo y pendenciero, se abrace con Puigcercós en Blanes insultando con cada cagarruta suya la inteligencia de los catalanes. Pero, si es lo que le gusta...