Independencia... y luego las purgas

POR: OBDULIO JOVANÍ
Actualizado:

COMO allá arriba lo saben todo -excepto saber que no saben, suprema ignorancia- cuentan que el sábado pasado se celebró aquí, adelantado, el «25 de abril», la «Diada del País Valencià», según «Òmnium Cultural», esa entidad pretendidamente cultural, logradamente política, que mete el cuezo en todas las ollas de donde sacar caldo y tajadas, dado que la bulimia identitaria, catatonía de transmisión generacional, esa larga marcha hacia la fe nacionalista, esa excitación de los instintos, esa percepción enajenada de las cosas supone hacer de la verdad un relato histórico, tomarla por el fleco de una bandera, que así llevan ya más de trescientos años de agravios, que les mantienen en imaginaria permanente. Escribe García de Cortázar que «a los catalanes les costará mucho establecer una relación causal entre su miseria y el triunfo de Felipe V en la Guerra de Sucesión». Realmente, les cuesta lo que les cuesta arengar a los escolares, contándoles lo que no fueron porque no les dejaron ser, esa fabulación que tanto enardece en levitación permanente; rodeados de ¡dignidad!, eso sí, ese aparellaje fatuo, ese convencimiento ridículo de superioridad de quien la proclama.

Antes bajaban de la Catalunya estricta de lloraduelos por la pérdida de los fueros, cuando en realidad lo que perdieron algunos fueron sus privilegios, que otros no tuvimos nunca; de ahí aquel memorial de la «Ciutat de Valencia» dirigido a Felipe V: «Componíase el tumulto de lo más despreciable que se juntó de todo el Reyno, el villanaje ínfimo... lo Religioso, lo Ilustre, lo Noble, lo Docto y lo Discreto se mantuvo fiel». Ciertamente, los del «villanaje ínfimo» nos mantuvimos fieles a la lengua valenciana... porque no teníamos otra cosa propia. A los niños ahora no se les cuenta que el 30 de octubre de 1706, el archiduque instituyó una Junta de Gobierno con «el cuydado de establecer el gobierno político y plantar en la misma forma la administración de justicia». ¿No merecería un cuadro boca abajo?; ni les preguntes de qué lado lucharon en Almansa los mohawacs, los hurones o los iroqueses, porque te tomarán por loco...

En el aquelarre del sábado no sólo estuvieron los histriones torturados en las checas ideológicas del nacionalismo, hubo apóstoles de todas las variedades de verdes, ecologistas, vecinos asociados, libertarios, okupas, climentistas, abortistas, gays y lesbianas, monfloritas, liberados sindicales, intelectuales de acomodo, feministas, cultos a la virulé, ¡Salvadores del Cabanyal!, figurones mil en francachela, en gaudeamus, en mascarada, en jarana y en kermés, que la mezcla de cólera y diversión es lúdica... todo precedido del anuncio de la venida del apocalipsis de la contaminación, de la especulación, de la privatización, del recorte social y del gasto público... todo cuanto justifique su generosidad redentora. Aunque llevamos años soportando el aplazamiento de nuestra libertad, incumpliéndose la profecía del mesías Eliseu Climent: «En 2007 dejaremos de ser un pueblo subalterno». Ahora los hay que anuncian la independencia... y luego las purgas. ¿Acaso nos darán «aigua de la Font del Gat»?