Ferran Garrido - Una Pica en Flandes

La indefensión del ciclista

«En muchos casos, el conductor causante del accidente ni se entera porque decide darse a la fuga. Y eso, queridos lectores, es un delito»

Ferran Garrido
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Hoy es uno de esos días raros en los que no les voy a hablar de política. Sé que están saturados y hasta el “pirri” muy probablemente, después de dos campañas electorales, o de una y media para ser un poquito más exacto. Así que no, de política no, o tal vez sí porque al final todo lo es.

Voy al grano, y a saco, desde el principio. Esta mañana, tempranito, casi matan a un amigo mío. Mi querido Ernesto ha estado a punto de perder la vida en una carretera valenciana, en la comarca de La Ribera Alta, muy cerquita de Gavarda, en ese paraje donde el Júcar se suele salir de madre. Un buen sitio para morir, seguramente, pero gracias a Dios y a ese ángel que protege a los ciclistas, no ha sido así.

Un coche gris, grande, acelerado y sin mirar, se lo ha llevado por delante, mejor dicho, por detrás, cuando Ernesto, con su bicicleta de corredor, respetaba un “Ceda el Paso” en la entrada de una rotonda. El impacto ha sido tremendo y la situación, dramática. El vehículo no ha respetado ni la señal ni la seguridad del ciclista. Y, por supuesto, con mi amigo ya por los suelos después de ser volteado por los aires, se ha dado a la fuga. A estas horas está siendo buscado por la Guardia Civil, porque el compañero de ruta de Ernesto ha podido retener en la memoria, pese a que su prioridad en ese momento era su compañero, los datos del automóvil. En fin, Ernesto al Hospital y el resto de la Penya Ciclista El Pedalier de L’Alcúdia al borde del ataque de nervios. Nada peor para los ciclistas que un suceso como este en una carretera.

Imagen tomada tras el atropello del ciclista en una carretera de la comarca de la Ribera Alta este sábado
Imagen tomada tras el atropello del ciclista en una carretera de la comarca de la Ribera Alta este sábado - ABC

Les pido una reflexión, y eso que hoy afortunadamente no hablamos de una nueva muerte sobre el asfalto, acerca de la levedad de la vida de un ciclista, indefenso con la sola protección de su voluntad de hierro y de su piel, frente a la chapa de cualquier automóvil. Piénsenlo. El ciclista siempre es el más débil de ese absurdo combate. Siempre llevamos las de perder y, les aseguro, que lo sabemos. Por eso nos hemos ido adaptando, cada vez más, al cumplimiento de las normas de Tráfico. Por nuestra propia seguridad. Y ahora, si a alguien le apetece, abran la polémica al respecto.

Si quieren asustarse, a mí me aterroriza, entren en Google e inicien una búsqueda similar a “ciclista muerto en carretera”. Les aseguro que se les van a poner los pelos de punta. Pero les garantizo que no hace falta morir para vivir el terror de un accidente de ese tipo. A veces la supervivencia acarrea consecuencias y secuelas de por vida. Y en muchos casos, el conductor causante del accidente ni se entera porque decide darse a la fuga. Y eso, queridos lectores, es un delito. La omisión de socorro es un delito. Además, la falta de civismo y nobleza, es una vergüenza superior al miedo que el conductor pueda sentir en esos momentos.

Son muchos años ya sobre una bici y muchos años luchando y predicando con el ejemplo. Pidiendo la obligatoriedad del uso del casco, las rutas seguras para ciclistas, las campañas de concienciación para conductores y para ciclistas, el civismo, la convivencia y la tolerancia sobre el asfalto. Y el cumplimiento de las normas tanto por unos como por otros. Y padeciendo las malas consecuencias de muchos incumplimientos. Aún recuerdo aquel otro día del atropello de mi compañero Pepe, justo un metro delante de la rueda de mi bicicleta, o el día que el espejo retrovisor de una furgoneta casi le arranca un brazo a Vicent… y así una y otra vez.

Hoy no hay que lamentar una muerte, aunque nuestra seguridad muere un poco en cada accidente. Pero piensen que cualquier día, ante un conductor que decide delinquir a la hora de darse a la fuga, la víctima puede ser cualquiera de nosotros, bien en bicicleta, a pie, o al volante de nuestro coche.

Mi cabreo de hoy no es por el atropello de mi amigo. Es por la fuga del causante. No me indigna el accidente. Me preocupa. Lo que me indigna es el delito. Piénsenlo y no olviden la indefensión del ciclista. Pase lo que pase y sea como sea, siempre es el más débil en un accidente. No olviden que, a los ciclistas, siempre hay alguien que nos espera en casa.

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