¿Historia o manualidades?

«UN fantasma de estandartes/una bandera quimérica/ un mito de patrias; una/grave ficción de fronteras». Así veía Miguel Hernández el ibérico campo de Agramante en su tiempo; desde ese aquelarre

Por Obdulio Jovaní
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«UN fantasma de estandartes/una bandera quimérica/ un mito de patrias; una/grave ficción de fronteras». Así veía Miguel Hernández el ibérico campo de Agramante en su tiempo; desde ese aquelarre disgregador avanzamos hacia el retranqueo, en la vuelta al cercado, al fielato y al pontazgo, al puerto seco y al deslinde; a las jaujas del chozo y de la masía, del pazo y del caserío, de la alquería, del cortijo; a la diferencia como argumento, a la etnia como reguladora del statu quo. ¡Sea anatema cuanto se oponga a las sacrosantas raíces! Valga el rellano, sea el callizo, sea el cantón, sean las eras y el ejido; sea el arrabal, ese finisterre.

Grupos acartonados en una soñarrera aldeana y paleta vuelven a las refriegas vecinales, comuneras -el Guerrero del Antifaz, el Jabato, el Capitán Trueno- en larga marcha hacia el reencuentro con la pedanía nacional como andamiaje ideológico, en cuyo pasado encuentran un arsenal de argumentos para la ojeriza, el encono y el agravio. No son dos, ya son diecisiete las Españas machadianas que han de helarnos el corazón...

Nostálgicos del taparrabos, les han dado unas tijeras y han empezado recortando la Historia común traficando con ella al menudeo, taraceándola, centrifugándola hasta convertirla en papilla digerible con la que empapuzar a sus catecúmenos. Ignorando cuanto ocurrió más allá del felpudo del salón, perderán la secuencia del tiempo, desnortados. En clara ofensiva contra la memoria colectiva, nada importan los avatares del mundo, bastan los efluvios del corral. Muera la Historia, valgan la conseja, la paremia, el romance de ciego, la milagrería... y el bando municipal.

Para eso está el ¡diseño curricular!, para la desmemoria y el escamoteo de la Historia. Un poco de Historia es mucha. Sea pues alanceado y muerto a estoque el toro de Osborne. Con las menguas de la LOGSE, con los horizontes lejanos del nintendo basta. Hágase una pedagogía de manualidades, de plastilina y macramé, de papiroflexia. Hágase una Historia estanca, exenta, huraña y solipsista. Nada más allá del tecleteo del SMS, de la pegadiza masilla fonética: tío, tía.

Y así, América se quedará sin descubrir; don Quijote no blandirá adarga antigua, Marco Polo no saldrá de Venecia, la Capilla Sixtina se quedará sin pintar; ni Amundsen llegará al Polo ni Livingstone a las fuentes del Nilo; ni Herodes degollará inocentes, ni Cortés engañará a Moctezuma; ni Elcano saldrá de Portugalete, ni Beethoven escribirá la Novena; ni Atila dejará las estepas, ni saldrá Alejandro de Atenas; nadie viajará a Itaca, Pericles no tendrá su siglo, ni Tutankhamon su sarcófago; ni llorará Boabdil ni César conquistará las Galias, nadie dibujará bisontes en Altamira; Newton no descubrirá la gravitación universal, la tierra seguirá siendo plana; ni Nerón incendiará Roma, ni Calvino morirá en la hoguera, ni a San Juan de la Cruz le llegará la noche, ni tendrá dos hijas el Cid, nadie gritará ¡Viva Zapata!, ni se hundirá el Titánic; los sioux no atacarán Fort Apache, ni Hamlet tendrá duda alguna, ni Lutero reformará nada; Zaratustra no dirá ni chus ni mus...

Nada habrá sido nada. Eso sí, aquí, de Benifassar a la Foia de Castalla, del Còll d´Ares a la Canal de Navarrés tendremos a Jaime I hasta en la fideuà, Chatet de Museros le ganará una vez más a Gatet de Faura; el samaruc será declarado bien de interés cultural, Raimon seguirá diciendo que no, a grito pelado... mientras alguien se dejará unas alpargatas «a la vora del riu mare» y los niños pedirán «una estoreta velleta pa la falla del tío P_p».

Será la epifanía del «riu-rau»serán los arrobos del cercado, será un éxtasis tribal, en ecuménica universalidad umbilical... ¿Historia? ¡Bah!, que no nos cuenten lo que pasó...