Por hígado una asesoría fiscal...

La reproducción aquí de los artículos que publicara en ABC Vicente Blasco Ibáñez, me recuerda que en el suplemento «Sábado Cultural» de 7/2/81, el catedrático de Literatura de la Univerisdad de

OBDULIO JOVANI
Actualizado:

La reproducción aquí de los artículos que publicara en ABC Vicente Blasco Ibáñez, me recuerda que en el suplemento «Sábado Cultural» de 7/2/81, el catedrático de Literatura de la Univerisdad de Valencia, Joan Oleza, escribió: «Vicente Blasco Ibáñez, que había nacido en Valencia el 29 de enero de 1867... moría el 28 de enero de 1928... Entre estas dos fechas, se desarrolla toda una vida de energúmeno... mezcla difícilmente digerible de lucidez y de alienación, de hombre de cultura y de hortera de mercado...». Añadía otros calificativos: pequeño burgués, megalomaníaco, duelista, incluso repetía «republicano energúmeno». Por aquel tiempo, en la revista catalanista SERRA d´OR, en su portada figuraban sobre el fondo de una senyera -¡coronada, por cierto!- varios intelectuales y artistas valencianos, Blasco Ibáñez entre ellos, ¡con una bomba en sus manos! Qué sarcasmo, frente a la Facultad de Letras de Valencia, en el paseo que lleva su nombre, una bomba hizo saltar por los aires un busto del «energúmeno». Vivo enfrente, oí la explosión y bajé a ver sus resultados. No me sorprendió. Por aquel tiempo se estaba alambicando una clonación general de universitarios de recuelo, carnet en boca y pluma de cacareo en el culo, «hechos a troquel y mansos, de obediente estereotipo» diría Cela. El señor Oleza entre ellos. Quien añadía en su escrito: «Si pocos escritores de importancia (¡quién otorga las importancias, me pregunto?) se tomaron en serio a Blasco en la Historia de la Literautra o no saben qué hacer con él o lo arrojan a la cuneta de los productos menores y de consumo de masas»No podían faltar las «masas» en aquellos tiempos de marxismo de muro y gulag, hasta lo de pequeño burgués, y lo de hortera de mercado, que eso encarama a uno en peana en espera de que le adoren. Recurre Oleza a Torrente Ballester -¡un fascista para la progresía de entonces¡- y le cita: «El espíritu de Blasco es de una enorme vulgaridad». Invito al lector a que revise los estudios literarios de Blasco sobre otros novelistas. ¡Qué diferencia de espíritu!

Por aquel tiempo el Ayuntamiento de Valencia, con el dinero de las «masas» -en las que se incluyen las horteras de mercado- le concedió un premio de novela a Oleza, que tenía por titular ¡a Blasco Ibáñez! No lo rehusó...

De entonces a esta parte multitud de indigentes culturales como Joan Oleza -que hacen de la cultura prestación personal- han venido escamoteando la Historia, ora silenciándola, ora escribiéndola como arenga, llegando así a esos contenidos que se están publicando ahora y que no hacen otra cosa que enseñar a sus doctrinos a darle vueltas a su Plaza Mayor. Olezas, avalistas dogmáticos, ya los conocía Quevedo: «Las plumas compradas, a Dios jurarán/ que el palo es regalo y la piedra pan».

Eliseu Climent, apóstol de la catalanidad, acaba de bajar del monte Tabor, donde ha recogido del mismo Señor de las Naciones unos escritos de los papas Calixto II y Alejandro VI -aquí ha venido el duque de Lugo, presidente de la Fundación AXA-WINTHERTUR que ha financiado su edición- de los que solo interesan a sus promotores aquellos que dicen que decían aquellos papas que hablaban catalán y que eran catalanes. Ya solo falta pues el «blitz» a lo Hitler, ¿recuerdan lo de los austríacos?: ¡Hablan alemán luego son alemanes! Y lo que vino.

Se siguen mirando en espejo convexo, el que acrece; siguen teniendo donde el hígado una asesoría fiscal; suma que suma, roe que roe, lo suyo sigue siendo lo de ¡ser y cobrar, esa es la cuestión! Bulimia codiciosa, patología incurable... «seny» al cabo.