La guerra accionarial vuelve al Valencia

Juan Soler, presidente del club de Mestalla, le pidió ayer a Vicente Soriano, vicepresidente, que dimitiera de su cargo. Soriano quiere más protagonismo en las decisiones de la entidad, Soler dice que el es quien debe tomar las decisiones. Ante este enfrentamiento todos quieren comprar más acciones. Aunque ahora no está Paco Roig, la lucha por el poder vuelve al club

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TEXTO JAVIER DOMÉNECH

VALENCIA. Es el cuento de nunca acabar. Desde que el Valencia Club de Fútbol se convirtió en Sociedad Anónima Deportiva en el año 1992, el club de Mestalla ha no dejado de estar convulsionado socialmente. Con la desaparición de Paco Roig del accionariado de la entidad blanquinegra en el verano de 2004 parecía que el club valenciano encontraba al fin la estabilidad. Pero, pese a la salida del mayor desestabilizador social de la historia del Valencia, la entidad sigue teniendo confrontaciones internas.

La familia Soler compró hace año y medio todo el paquete accionarial que poseía Roig. Estos títulos, unidos a los que ya tenía Bautista Soler y sus hijos, hicieron que la familia del constructor de Turís pasara a disponer de un paquete de acciones con el que controlaba el club sin problemas. Con el fin de no parecer dueño absoluto, de este paquete de títulos se vendieron unos diez mil a Vicente Soriano -aliado de Paco Roig anteriormente-, otros diez mil a Carlo Cicchella y cinco mil a Juan Armiñana -otro aliado de Roig en el pasado-. En total dejó ir más de 25.000 acciones de las más de 75.000 que llegó a controlar tras la compra a Roig.

Eso sí, el poder de la familia Soler sobre el gobierno del club continuaba siendo total, ya que todas las acciones anteriormente citadas y otras 20.000 de otros propietarios estaban unidas a través de un mismo grupo, un sindicato de accionistas. Las condiciones de este sindicato impiden que durante los próximos diez años esos títulos puedan apoyar decisiones diferentes. Es decir, antes de cada junta general de accionistas el sindicato debe decidir que se debe votar en cada uno de los puntos del orden del día. Nadie puede saltarse el voto decidido. Voto que se decide en función del número de acciones, que siempre favorecerá a la familia Soler, que posee cerca de 50.000 de las 94.000 acciones del sindicato.

Con esta situación accionarial el presidente del Valencia, Juan Soler, se siente fuerte y actúa como el acostumbra en sus empresas. Es decir, para evitar filtraciones, suele tomar decisiones sin consultar al resto del consejo de administración. Un modelo presidencialista que molesta mucho a todos aquellos que se gastaron una suma de dinero importante en la compra de títulos y que no tienen opción de participar en la toma de las decisiones importantes de la entidad blanquinegra.

Esta situación ha ido deteriorando las relaciones entre Juan Soler y Soriano, Cicchella y Armiñana y las fricciones han sido cada vez más constantes. Ante este panorama, Soriano ha intentado buscar más aliados con el fin de buscar el fin del sindicato y así poder liberar sus acciones del voto que decida la familia Soler. Movimientos que, unidos a los diferentes encontronazos que se han producido entre Juan Soler y el vicepresidente, han acabado por colmar la paciencia del presidente.

Por eso ayer Enrique Lucas, secretario del consejo de administración valencianista y hombre de confianza de Soler, se reunió con Soriano para pedirle que dimitiera del cargo de vicepresidente. Como consejero no puede cesarle ya que con el número de acciones que tiene Soriano podría designar hasta dos dirigentes. El motivo que esgrimió Lucas fue que el presidente había perdido toda la confianza en Soriano. Como era de prever, el vicepresidente no tomó en consideración la decisión y manifestó que si quiere que deje el cargo que se vote en un consejo. Votación que haría que nadie pudiera esconder con quien está. Aunque, también Soler parece que no tendrá problemas en imponer su voluntad.

Con Armiñana claramente decantada a favor de Soriano y con la intención de ambos bandos de comprar pequeños paquetes de acciones de Antonio Bonet, Manuel Llorente o José Antonio García Moreno, la clave puede estar en los diez mil títulos de Cicchella.