Los gobiernos locales de una veintena de municipios han cambiado de color desde las elecciones de 1999

El PP ha conseguido sumar una decena de municipios tras las elecciones municipales del 13 de junio, bien a través de mociones de censura (seis casos), pactos incumplidos o cambios de poder por pura aritmética. El Partido Socialista no le ha ido a la zaga, al obtener siete poltronas mediante cambios contra natura. Más de 152.000 vecinos han padecido cambios de timón en sus ciudades.

VALENCIA. M. Gasparet
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Del medio millar largo de municipios con que cuenta la Comunidad Valenciana, una veintena de pueblos y ciudades han asistido a cambios de gobierno en sus ayuntamientos, a escasos meses después del ecuador de la legislatura.

El conjunto de cambalaches de siglas y colores ha afectado a más de 152.000 ciudadanos, principalmente de las provincias de Alicante y Valencia. El Partido Popular se ha beneficiado de las mociones celebradas en Jalón, Orba, Ondara, Jávea, Mislata, El Puig, y San Vicente del Raspeig y Barx (donde gobierna el Grupo Mixto con el PP).

El Partido Socialista se ha aupado al poder vía moción en Biar, Gata de Gorgos (con el Bloc), Pinoso, Cullera, Dos Aguas y Chiva. Y el Bloc en Onteniente, gracias al PSPV.

TIPOS DE «VOLANTAZO»

Por lo que refiere al modo en que se han llevado a cabo los timonazos, se puede distinguir entre mociones al uso, con tránsfugas y plenos extraordinarios prolijos en carteles y llamadas al orden; pactos preelectorales incumplidos, con su estela razones y sinrazones para perpetuarse en la poltrona reflejada en los medios de comunicación; y otros casos.

En este último apartado se podrían agrupar los cambios de Gobierno de Alcoy (60.476 habitantes) y el anunciado para este mes de noviembre en la ciudad valenciana de Villalonga. En el caso de Alcoy, la aritmética erigió a la alcaldía al popular Miguel Peralta, tras la ruptura del pacto de gobierno entre PSPV, Nova Esquerra y Esquerra Unida.

En cuanto a Villalonga, el Partido Popular se hará con esta alcaldía sin haber pasado por las urnas; por arte de birlibirloque: el independiente Juan Ros, que tomará la vara de mando de mano del actual alcalde Fernando Sendra, en virtud de un acuerdo suscrito, ha anunciado su ingreso en filas populares.

En cualquier caso, la trashumancia política no se ha manifestado en Gavarda (1.244 vecinos) ni en Moncada, (18.404 habitantes), donde el PP ha incumplido sus acuerdos preelectorales con Bloc y UV respectivamente para aferrarse a la poltrona.

También se ha servido el PSPV de cierta amnesia para conservar la alcaldía de Museros (4.161 habitantes), que debió brindar a Esquerra Unida.

En definitiva, en un primer repaso a los golpes de mano o a los incumplimientos más sonados, el PP ha logrado o se ha mantenido contra natura al frente de una decena de municipios y los socialistas en seis.

TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Es presumible pensar que el pacto contra el transfuguismo empieza y concluye con la foto y el apretón de manos preceptivos, por más que las amenazas de revisión del pacto local se suceden a uno y otro lado del espectro político,. Lo hizo la Ejecutiva Federal socialista en septiembre tras perder el ayuntamiento de El Puig a manos del PP. Y lo repitió Eduardo Zaplana durante el debate de política General en forma de órdago explícito a su oponente en el careo, el portavoz socialista, Ximo Puig.

El último golpe del PP, en San Vicente de El Raspeig, provocó las iras de los socialistas quienes lanzaron una «oferta abierta» en Denia que no llegó a fructificar, y consiguieron pacto en Onteniente.

Huelga decir que casos como los de Pedralba o Quatretonda, donde los socialistas cumplieron su palabra y cedieron la poltrona a EU y Bloc; o el de Yátova, donde el PP cedió el primer sillón a Esquerra Unida; o el de Turís, donde finalmente el PP renunció a pactar con tránsfugas, son excepción.