De Fuster a Villalonga

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SE miran en los espejos y se ven reflejados en los azogues como custodios de la norma y de la dignidad -cualidad esta última de altísimo frontispicio moral, tan socorrida para solapar falacias- se ven predestinados a la redención ajena. Como en tantos laboratorios se están desmenuzando nuestras intimidades, nuestros ADN, cualquier día descubrirán ese gen intruso que a tantos lleva a meter su cuezo en nuestras vidas para redimirnos. Con ese síndrome de engolamiento se ven muchos filólogos de sopa boba y convoluto que hacen de la lengua «unidad incuestionable desde el plano científico» olvidando que la ciencia es cuestionable o no es; el caso es que hacen de la unidad metástasis identitaria, mesiánica, infusa, Al cabo, hacen de la cultura prestación personal... Sea pues la lengua argamasa que una todas las piedras del mismo muro de Berlín que acoja y cierre la nacioneta.

Uno de aquellos señoritos de casa bien entreverados de progresía que perpetraron la falla King Kong -recuérdese que hicieron una pantomima de ofrenda a la Virgen, con las falleras llevando por ramos gavillas de alfalfa- no se olvide que fue uno de ellos Fernando Villalonga, luego conseller con Zaplana, entonces ya apóstol de cierta «unidad», ese papanatismo colectivo. Y en ello sigue, ahora desde Nueva York, donde oficia de cónsul de España. Desde allí ha tomado partido a favor de los que quieren salvar los Jardines de Monforte, que fueran un día propiedad de su familia; y sigue erre que erre en lo de la «unidad». A don Fernando, como a tantos otros, no les importa la lengua sino su «unidad», impuesta bajo el dominio del dialecto «barceloní», del que mossen Alcover, lingüista mallorquín, opinaba así: «dejectat com a repussai, com a morques, com a dialecte pudent, corromput, tirador i que no te per a on agafarlo... un desbarat ferest no sols des del punt de vista lingüístic, sino des del punt de vista polític». Sanchis Guarner se lo recriminaba a Fuster: «Ves amb conte, per favor, aquest llenguatge teu es semític. I morfológicamente es barceloní. No podem fer passes en fals perqu_ una cosa es el que tu escrius i una altra distinta es la que esperen els lectors als quals nosaltres podem influir, pero no ignorar». En las Normas de Castellón -en las originales, no las fraudulentas que se enseñan ahora- se lee "eixe, nosatres, atres, dos, seua, prou, orige, este, vore, ab, lo... que ahora se enseña «aqueix, nosaltres, altres, dues, seva...». Así se matan las lenguas, uniformándolas. Me pregunto si el señor Villalonga usará el inglés de Nueva York -apartment, attorney, cab, fall, schedule, truck... o el inglés -barceloní de London- flat, barrister, taxi, autumn, timetable, lorry...

No hace mucho, la Academia Valenciana de la Lengua «aceptó» decir «Amparo». ¡Cuan altísimo nivel académico-científico se requiere para «aceptar» que digamos lo que ya venimos diciendo desde los tiempos de Moisés! Hemos vuelto a la épica luctuosa - y a ZP- a la verdad impuesta según disciplinamiento oficial. Y sin hacerle caso a Antonio Machado: «El sol murió... ¿qué buscas, poeta, en el ocaso?»