Fomento concluye la A-23 a su paso por la región tras invertir 170 millones en once años

JAVIER REIGADASVALENCIA. Lejos queda ya en el tiempo -una década se cumple en concreto este mismo mes de diciembre-, cuando se inauguró el primer tramo de la autovía Mudéjar en la Comunidad, el

JAVIER REIGADAS
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VALENCIA. Lejos queda ya en el tiempo -una década se cumple en concreto este mismo mes de diciembre-, cuando se inauguró el primer tramo de la autovía Mudéjar en la Comunidad, el Sagunto-Soneja, cuyos trabajos se habían iniciado en 1996. Más atrás se sitúa todavía en la memoria, en 1993, el recuerdo de cuando se abrieron al tráfico las variantes de Torres-Torres y Estivella, que «sacaban» la serpenteante y vetusta carretera N-234 de los cascos urbanos en un hito histórico para la comarca.

Pero estos datos hay que tenerlos hoy muy presentes, dado que de aquel asfalto de principios de los 90 nació el germen de la actual A-23, la vía de gran capacidad que unirá el Mediterráneo español con el Atlántico francés, que ayer dio por concluidas oficialmente sus obras en territorio de la Comunidad.

Con la apertura de los últimos ocho kilómetros que restaban por abrir al tráfico del tramo Viver-Barracas, los del puerto castellonense del Ragudo, se dio finalizados los trabajos en la región, quedando ya conectada de manera continua por autovía con Teruel, y a la que sólamente quedan los 27,8 kilómetros que enlazan la localidad turolense de Calamocha con la zaragozana Romanos para poder desplazarse en doble carril hasta la capital aragonesa, vieja reivindicación de dos autonomías vecinas con fuertes vínculos económicos, migratorios y sociales.

Horarios competitivos

A partir de ahora, cuando los conductores dejen atrás la localidad de Barracas y se adentren en la provincia de Teruel en tres cuartos de hora y alcancen dicha capital aragonesa en hora y cuarto, seguramente no serán conscientes del tremendo esfuerzo de tiempo y de inversión realizado.

Han pasado quince años desde aquellas primeras expropiaciones realizadas para las variantes de Torres-Torres y Estivella, donde los camiones se empotraban en los balcones de las casas por el demoníaco diseño de la carretera. Después, han sido once años de obras continuas, de altibajos con aceleraciones y demoras en tramos puntuales hasta poder disfrutar de una carretera cómoda, rápida y segura, como corresponde al siglo XXI.

Seis tramos han compuesto el trazado de la autovía Sagunto-Somport en la Comunidad, abiertos de manera escalonada en estos diez años. La inversión de los diferentes gobiernos ha alcanzado los 170,6 millones de euros para una longitud de 60,7 kilómetros, lo que significa una media de 2,8 millones por cada kilómetro.

Por tanto, no es de extrañar la satisfacción del delegado del Gobierno, Antoni Bernabé, quien se congratuló del fin de una obra «fundamental para el progreso de la Comunidad».