Fernando Llopis - El último liberal

Ese era mi filete, Susana

«El día después seguro que ha sido terrible para los que han ocupado durante décadas y pensaban seguir ocupando los despachos del poder andaluz»

Fernando Llopis
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La pelea por un filete para escenificar la lucha de la ley y el orden contra la fuerza, unos minutos magistrales de cine de John Ford, interpretados fenomenalmente por tres grandes como John Wayne, James Stewart y el malvado Lee Marvin. Muy probablemente en una tarde de sábado descubrí con la película “El hombre que mató a Liberty Valance” como el orden y la democracia se iban imponiendo en lo que era el salvaje oeste, hasta entonces sin ley. La película se centra en un pueblo dominado tradicionalmente por un cacique donde pocos piensan en la justicia y la libertad de prensa, y cuando es así, el pistolero Liberty Valance se encarga de disuadirles. Pero un buen día un joven abogado llega a la ciudad con ideas renovadoras, pero al final acaba de camarero donde tras una zancadilla del pistolero, el famoso filete cae al suelo. Cansado de aguantar el matonismo se levanta un ciudadano, John Wayne, y hace frente al matón con el famoso “Era mi filete, Valance”.

Como ya podemos imaginar, la película transcurre entre los intentos desesperados del cacique de evitar perder el poder que ha disfrutado durante muchos años.

En situación parecida se encuentra la ya expresidenta andaluza, Susana Díaz, que ha asumido muy mal la llegada de nuevos aires a la política andaluza. Su primera medida como inminente expresidenta fue el de convocar, con autocares y bocatas gratis, una manifestación a las puertas del palacio donde se iba a producir el nombramiento del nuevo presidente andaluz. La señora Díaz, que ha vivido cerca de una decena de proclamaciones de presidentes socialistas andaluces con total normalidad y respeto, no ha podido soportar ser la primera gran derrotada. Para más inri, la maldita hemeroteca no ha tardado en mostrar las declaraciones que realizó recientemente, donde criticaba precisamente las manifestaciones organizadas por Podemos en el Congreso de los Diputados. La lluvia de zas-cas que le han caído han sido escuchados en toda Europa, aunque hay que reconocer que han sido superados por los que recibió la podemita Teresa Rodríguez por su discurso guerracivilista en el que se atrevió incluso a nombrar a los pobres sin hogar. Mantener ese discurso cuando el líder de tu partido hace gala de su “casoplón” de más de 2.000 metros es exponerte a recibir zas-cas inmisericordes, que según comentan se han oído hasta en los gulags de Siberia. Por suerte para ella, su ridículo fue ocultado por el presidente socialista, Pedro Sánchez, que al tratar de mostrarse indignado en un discurso en el parlamento europeo bramando contra la ultraderecha, un diputado le recordó que ”su Gobierno no podría existir sin la extrema izquierda y los proseparatistas”. Vamos, que la coherencia del trío no es su fuerte.

Susana Díaz saluda a Francisco Serrano (Vox), ante la mirada de Juan Marín (Ciudadanos)
Susana Díaz saluda a Francisco Serrano (Vox), ante la mirada de Juan Marín (Ciudadanos) - AFP

Pero volviendo a Andalucía, el resto de los discursos de las personas que rigen la oposición fueron sin duda prescindibles, desde el inevitable y, cada día más presente en su mente, Franco, hasta los supuestos genocidios de los Reyes Católicos, sin duda alguna, los temas que más preocupan a los ciudadanos.

El día después seguro que ha sido terrible para los que han ocupado durante décadas y pensaban seguir ocupando los despachos del poder andaluz. Como cuando el pistolero Liberty Valance tiene que abandonar el restaurante al ver que no puede imponer su terror y el periodista local se limita a afirmar “¿Sabes lo que les ha asustado? La visión de la ley y el orden que surge de entre la salsa y las patatas”.

Y es que los vientos de cambio en Andalucía han tardado en llegar, pero al final lo han hecho, y es que los andaluces el pasado dos de diciembre dijeron democráticamente en las urnas “ese era mi filete, Susana”.

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