Fernando Llopis - El último liberal

Compromís devorando a sus hijos

«Es curioso que la directora general de À Punt haya sido puesta en la picota por el miembro del Consejo Rector en teoría más afín»

Fernando Llopis
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La presentación de Nikita Jrushchov en Enemigo a las puertas no puede ser más impactante. En pleno sitio de Stalingrado, se reúne con el incompetente general soviético que dirigía, hasta su llegada, a las tropas de Stalin. Tras una reprimenda severa le deja encima de la mesa una pistola con un mensaje claro de que «así se evitaría el papeleo de la sustitución del general».

Ese papeleo necesario para el relevo de la directora general de À Punt, Empar Marco, es el que parece que ha retrasado un final que, a la vista de los hechos, parece inevitable. Es curioso que el consejero propuesto por Compromís, Rafa Xambó, ha tratado de emular a Jrushchov (eso sí, de forma menos sangrienta) y ha propuesto, sin éxito, el cese de la señora Marco. Es curioso que ésta última, tan cercana a Compromís, haya sido puesta en la picota por el miembro del Consejo Rector en teoría más afín. Pero es que los planes que Compromís tenía respecto a la televisión valenciana se han venido abajo por una gestión bastante infame que ha provocado, entre otras muchas cosas, una audiencia escasa. Al no llegar a unos porcentajes de audiencia razonables, la información de la cadena y las posibilidades de influir en la población a través de ella son prácticamente irrelevantes. Los sueños de algunos dirigentes de Compromís de tener una TV3 a la valenciana se fueron esfumando con cada oleada de audiencia de medios.

Imagen de archivo de la directora general de À Punt, Empar Marco
Imagen de archivo de la directora general de À Punt, Empar Marco - ROBER SOLSONA

El papeleo ha impedido la sustitución de la directora, pero le deja en una situación muy complicada, con un equipo directivo desmantelado que difícilmente podrá recuperar en la situación de extrema debilidad en la que se encuentra. Quedan seis meses de agonía hasta que acabe su contrato, seis meses que espero que los miembros del Consejo Rector utilicen para preparar con garantías el relevo. Confío en que estos miembros asuman su error en la elección de Empar Marco (no cayó de ningún árbol, ni fue puesta a dedo, sino que fue elegida por ellos). Parte de ese error de elección fueron, sin duda alguna, las bases que exigían como requisitos de obligado cumplimiento el conocimiento (al final, disponer de certificados) de valenciano y olvidaban, por ejemplo, la capacidad de gestión de los recursos humanos por parte de los candidatos. Es fundamental que las bases se confeccionen con el objetivo de seleccionar el mejor director posible y no autolimitarse por motivos ideológicos.

Es curioso que ya haya gente que afirma que la situación de À Punt es tan mala que les gustaría poder hacer un «reset» e iniciar de nuevo. Pero dado que las máquinas del tiempo no existen, toca confiar en los enormes profesionales que tiene la casa para gestionar este turbulento futuro. Mientras tanto, sigue siendo llamativo el cainismo en las filas de Compromís, emulando el Saturno devorando a sus hijos de Goya, ya se sabe «cuerpo a tierra que vienen los nuestros».

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